Opinión / José Antonio Ortega

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Por qué voy a votar por Susana Díaz (y 2)

4/10/2017

Por qué voy a votar por Susana Díaz (y 2)

José Antonio Ortega | Periodista y Escritor

La semana pasada exponía en este espacio algunas de las razones por las que voy a votar a Susana Díaz. Esta semana termino la tarea.

Voy a votar a Susana porque la democratización del PSOE no es algo que se le haya ocurrido a Sánchez y a los sanchistas, muchos de los cuales, todo sea dicho, pertenecieron durante décadas al aparto socialista y comulgaron con ruedas de molino. Ni la participación tampoco.

La democratización es una exigencia de los nuevos tiempos que corren y que probablemente no se habría impuesto si la crisis no se hubiera producido y no hubieran surgido movimientos como el del 15-M que contribuyeron a dar un toque de atención a nuestro sistema político y empezar a transformarlo. De manera que ni es dádiva ni mérito de nadie en concreto. Y la participación, la única vía a través de la cual la democracia interna puede ser efectiva, pero en ningún caso la panacea de las panaceas, como algunos aventuran rayando en la más pura demagogia. Porque dejar en manos de la militancia, así como así, determinadas cuestiones no solo podría resultar ineficiente para el funcionamiento y posicionamiento de la organización, sino contraproducente para la integridad de la misma. No digamos ya los destinos de un estado con más de cuarenta millones de habitantes. Lo cual no significa, ni muchísimo menos, que no haya de tenerse en cuenta su opinión, su sentir, sus preferencias e intereses.

Por cierto, llevo militando en el PSOE desde la década de los 90 y, aunque soy de los que sostienen que la organización debe evolucionar, modificar sus estructuras, adaptarse a la nueva realidad, he de decir que en cada proceso interno siempre me he pronunciado en conciencia y, por supuesto, en función de lo que me ha convenido, porque no soy ni un mártir, ni un héroe, ni un estúpido. Nadie me puso nunca una pistola en la frente para que me pronunciara en un sentido u otro.

Voy votar a Susana Díaz porque creo honestamente, y admito, cómo no, que puedo estar totalmente equivocado, que tiene una mayor capacidad de liderazgo que los otros candidatos que se presentan a la secretaría general y, sobre todo, porque creo que puede conseguir que el PSOE venza, por fin, en las próximas elecciones generales. Es más, creo que en el PP incluso la temen.

Ahora sé que me van a llover las descalificaciones, especialmente de quienes en las redes sociales se comportan como fieles imitadores de los más beligerantes seguidores de Iglesias, Errejón y cía. Ahora sé que más de uno me va a poner verde. Se me va acusar de “facha”, de vendido al Ibex 35, de ser un estómago agradecido, etcétera, a pesar de que no ocupo, no he ocupado, ni aspiro a ocupar ningún cargo remunerado ni a nivel orgánico ni institucional. Pero es lo que pienso y sería deshonesto por mi parte no hacerlo público, del mismo modo que he hecho públicas otras opiniones sobre este mismo asunto, cuando todavía era incapaz de imaginar que la cosa pudiera irse de madre como se ha ido y parece que sigue yéndose.

Censuré lo que ocurrió aquel aciago 1 de octubre y lo censuro. Alabé en alguna ocasión al malogrado Pedro Sánchez, a quien puede hoy comparársele con un Quijote luchando contra gigantes perversos y también con un hidalgo castellano-manchego venido a menos y la chaveta un tanto perdida. Firmé para que se adelantara la celebración del congreso y critiqué y critico el papel desempeñado por la gestora bordeando la ilegalidad estatutaria. Arremetí contra la hipocresía de quienes por un lado abogaron por el no al PP y el no a Rajoy y por otro defendían que no quedaba otra que abstenerse. Pero nada de esto me ha impedido y me impide ver los despropósitos, los devaneos, los desvaríos del último secretario general socialista –es verdad que en una situación complicada y difícil– poniendo de manifiesto una evidente debilidad y una notable falta de coherencia como para ser el líder que el PSOE necesita en estos momentos.

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