Opinión / José Antonio Ortega

10/19/2018

Yo también soy Eloy

Yo también soy Eloy

J. A. Ortega | Periodista y Escritor

Bueno, no lo soy, pero me gustaría. Al menos, ser tan valiente y decidido como lo fuera él.

Sí, tan valiente y decidido como lo fuera ese bombero de Oviedo que hace dos años y medio perdió trágicamente la vida cuando participaba en las labores de extinción del incendio que se produjo en un inmueble, sito en el número 58 de la calle Uría en la capital del Principado, salvando las vidas de otros ciudadanos. Aquella aciaga jornada Eloy Palacio no estaba de servicio pero acudió a ayudar a sus compañeros y sofocar un fuego en un edificio que se enconó y pudo ocasionar una auténtica catástrofe.

Dice la sentencia de la magistrada titular del Juzgado de lo Social nº 2 de Oviedo, ratificada por el Tribunal Superior de Justicia de Asturias, que este hombre actuó de modo imprudente y temerario al implicarse en la tarea de apagar las llamas de aquel siniestro en su día libre y que, por tanto, su muerte no puede considerarse consecuencia de un accidente laboral, de manera que su viuda y sus hijos, de momento, se quedan sin la indemnización que, por ley, les habría correspondido.

¡Manda cojones! ¡La Justicia siendo, una vez más, a todas luces injusta por ceñirse al pie de la letra de lo escrito en la norma, cuando lo que debiera es tener en cuenta el espíritu de la misma y atenerse a lo que es bueno, justo y razonable!

Un bombero es bombero las 24 horas del día y los 365 días del año, o los 366, si es bisiesto, de igual modo que un policía es policía, un guardia civil, guardia civil, y un médico, médico, al menos hasta que se jubilan, y a veces ni siquiera eso.

La titular del Juzgado de lo Social nº 2 de Oviedo y los magistrados del Tribunal Superior de Justicia de Asturias olvidan que sin arrebatos de imprudencia y temeridad la mayoría de los actos heroicos no existirían.

Los bomberos, como tantos otros servidores públicos que velan por nuestra seguridad, nuestra salud, nuestra libertad y nuestro bienestar, son unos verdaderos héroes y está claro que Eloy aquel nefasto 7 de abril de 2016 lo fue, así que no se entiende que nuestra administración le castigue póstumamente cuando lo que debiera es premiarle como se merece.

Vaya todo mi apoyo, pues, para la Coordinadora Unitaria de Bomberos de España y su reivindicación de una legislación marco que regule la profesión para evitar que cosas como esta pasen.

 



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