Opinión / Julio C. Pacheco

1/23/2016

Había que matarlo

Había que matarlo

Julio C. Pacheco | Vecino de Los Barrios

Hoy sábado repaso las cosas que han sido noticiables esta semana a nivel nacional. El juicio a la mamá de Triana y Cia., la broma a lo Puigdemont con una gracia `que no se pue aguantá´ a la catalana, el nuevo mesías de la política... Pero lo que me ha estremecido ha sido la carta de un niño. Seguro que han leído o escuchado la noticia del suicidio del pequeño, de 11 años, Diego.

Ha sido otra víctima más del acoso escolar. Yo que soy de una generación que del discurso de nuestros padres y el autoritarismo en las aulas hemos llegado a la libertad, aunque creo que sin pasar por las casillas de la educación en el respeto a los demás y a la autoridad. Se ha intentado, pero aparentemente sin éxito. No es difícil ver a una mami o un papi dándole lecciones a un profesor -a veces en tono amenazante, o algo peor- mientras su entrañable pequeñín ha mamado desde que tiene uso de razón que es menor, y por tanto intocable. Si alguno de sus progenitores es una asno violento pues ya tenemos la tormenta perfecta. Generalizar está mal, pero seguro que de algo les suena.

A este potaje hay que añadir algunos referentes a seguir, sean ahora éstos los delirios del pequeño Nicolás, la Barbie chunga o el `malfollao´ de turno. Está claro, los que manejan los medios necesitan reclutar mediocres, bobos que mirando una pantalla sean capaces de obedecer, sin darse cuenta de que hace tiempo que dejaron de ser clientes para convertirse en mercancía.

Los profesionales de la educación no lo tienen fácil: intentar educar en el respeto y en valores, mientras sus pupilos sufren un bombardeo por saturación desde cualquier dispositivo móvil. Todo esto en una sociedad con una gigantesca mancha de trincones y triunfadores sin mérito ni esfuerzo. La arquitectura humana dinamitada y la divina inexistente -y en el peor de los casos, ad hoc-.

Aunque reconozco que ha sido un gran avance esto de la red de redes y sirve para expresarse libremente... también es todo un pocito de sabiduría. Reflexiones y análisis del todo interesantes, hechos desde el conocimiento y la experiencia. Otros desde la `inrritación´ más profunda de algunos -que parece comprada en el todo a cien de la esquina- y que a muchos les suele durar cinco minutos, si no lo sufren en su entorno directo. Puedes leer a auténticos `Illuminati´. Que van desde el socorrido: ¡Mano dura! Pasando por el: ¿Cómo hemos podido llegar a esto? Sin dejar el: ¡Ya está bien! Y como la película va de cargar culpas y rápido, les toca a los acosadores, la dirección del centro, los profesores, los padres, los recortes... llegando al componente religioso porque el desgraciado chiquillo había escrito en la carta: "...empero que un día podamos volver a vernos en el cielo...".

Lo cierto es que era un chiquillo diferente, era débil, no pudo soportar el sufrimiento y lo hemos sacrificado. Somos una sociedad deshumanizada, enferma y tenemos que aprender a dormir con nuestra alícuota parte de culpa. Seguro que los padres del pequeño Diego, incluso sin tenerla, ya lo están haciendo.

Texto integro de la carta

"Papá, mamá, estos 11 años que llevo con vosotros han sido muy buenos y nunca los olvidaré como nunca os olvidaré a vosotros. 

Papá, tú me has enseñado a ser buena persona y a cumplir las promesas, además, has jugado muchísimo conmigo.

Mamá, tú me has cuidado muchísimo y me has llevado a muchos sitios.

Los dos sois increíbles pero juntos sois los mejores padres del mundo.

Tata, tú has aguantado muchas cosas por mí y por papá, te estoy muy agradecido y te quiero mucho.

Abuelo, tú siempre has sido muy generoso conmigo y te has preocupado por mí. Te quiero mucho.

Lolo, tú me has ayudado mucho con mis deberes y me has tratado bien. Te deseo suerte para que puedas ver a Eli.

Os digo esto porque yo no aguanto ir al colegio y no hay otra manera para no ir. Por favor espero que algún día podáis odiarme un poquito menos.

Os pido que no os separéis papá y mamá, sólo viéndoos juntos y felices yo seré feliz.

Os echaré de menos y espero que un día podamos volver a vernos en el cielo. Bueno, me despido para siempre.

Firmado Diego.

Ah, una cosa, espero que encuentres trabajo muy pronto Tata"

Fuente: El Mundo



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