El Reportaje / Manuel Álvarez Vázquez

5/7/2011 1

Nuevos datos sobre el origen de la Feria de la Villa, por M. Álvarez

Manuel Álvarez Vázquez (Cronista Oficial de Los Barrios)

El año pasado en esta misma revista, a petición de su editor, escribí un artículo sobre la Romería de San Isidro que anualmente se celebra en la localidad desde 1964. Allí dije que de todas las fiestas y festejos del municipio de Los Barrios, destacaban dos: la Feria y la Romería, ambas vinculadas a la festividad de San Isidro, que tradicionalmente tiene el patronazgo religioso de la Villa. Por eso es oportuno que en esta ocasión me ocupe de de la Feria de Los Barrios, resumiendo noticias y datos que publiqué con anterioridad sobre su origen, aunque aportaré alguna novedad documental al respecto. Par ello debo comentar varios conceptos que se confunden o entremezclan con el de feria, entre otros, fiesta, festivo, festividad o festejo, además diré algo del significado de velada.

Las palabras fiesta y feria derivan de las latinas festa y feriae, significando la primera estar de gozo, alegría o descanso; mientras la segunda, día consagrado a alguna fiesta o descanso, que luego se llamó día festivo o bien festividad cuando ese día festivo tenía carácter religioso. La voz festejo se reservó para los espectáculos o regocijos populares que se hacían en esos días de fiestas o ferias. Más adelante hablaré del término velada.

Al principio la Iglesia quiso sustituir con la denominación de feria a los nombres de los días de la semana de procedencia pagana, así conservando el nombre de domingo, que deriva de “dominicus Dei”, o sea “día del Señor” y el de sábado derivado de “sabat” o día de fiesta hebreo, a los demás dedicados a los astros como lunes (Luna), martes (Marte), miércoles (Mercurio), etc., pretendió llamarlos “feria segunda”, “feria tercera”, “feria cuarta”… aunque el intento no tuvo éxito, pues aún se usan aquellas antiguas denominaciones romanas.

En la Edad Media, se generalizó un nuevo uso de la palabra feria, para significar particularmente los días de descanso o fiesta que ciertas ciudades dedicaban a un mercado extraordinario anual, de mayor importancia que el mercado semanal o diario. Esa feria o mercado extraordinario se hacía coincidiendo con alguna festividad religiosa de cierta importancia local y para su celebración era necesaria la autorización real, de ahí, que también se le llamase feria real y al campo donde se celebraba, real de la feria. El mercado de ganado y los intercambios de mercancías al por mayor, junto a los de difícil distribución eran la principal actividad económica de esas ferias medievales, pero no faltaron festejos o regocijos populares con actuaciones de juglares, saltimbanquis y cómicos, cucañas, demostraciones a caballo, etc. La autorización real para celebrar aquellas ferias medievales era muy restrictiva, pues se intentó ubicarlas sólo en ciudades estratégicas que atendían la demanda de un amplio territorio, por ello fueron escasas las ciudades que gozaron de tal privilegio real.

En el siglo XIX, la mayoría de las ferias medievales ya habían desaparecido tanto en España como en Europa. Entonces, en nuestro país se intentó recuperarlas como un incentivo económico para ciertas ciudades, sin olvidar que eran ocasión propicia para celebrar ciertos festejos o regocijos populares, aunque seguirían teniendo la tradicional autorización real. Tal fue el caso de la actual Feria de Sevilla, que con autorización real fue recuperada en 1847 o la Feria de Granada que lo hizo en 1850.

En mi Pregón de la Feria y Fiestas Patronales de Los Barrios. Año 1990, intenté descubrir el origen de la Feria de la Villa. Allí, tras apuntar que Algeciras consiguió autorización real para su primera Feria en 1850, anoté que San Roque lo intentó en varias ocasiones (1814, 1837 y 1851), apuntando también que a partir de 1853 dejó de ser necesaria la autorización real para su celebración, ignorando entonces si Los Barrios antes de esa fecha lo había solicitado, porque en el Archivo Municipal no se conservaba ninguna documentación al respecto, aunque recordé haber leído de niño un libro que fechaba su origen entre los años 1854 y 1856.

Años más tarde, en la Revista de Feria de 1994 publiqué un artículo sobre el origen de la misma, basándome en un artículo de José Rivera Aguirre en el periódico Sol de España (15-junio-1973), donde informaba que Algeciras inició el trámite para dicha autorización real en 1849, constando en su documentación que “celebrándose la feria de Ronda y a continuación la de Los Barrios, ambas en el mes de mayo, ésta de Algeciras, al celebrarse en los tres primeros días de junio, beneficiaría a aquellos tratantes de ganado y feriantes en general, pues aquí harían parada para ir a la de San Roque que era en los primeros días de julio.” De esas palabras se podía deducir que la Feria de Los Barrios, igual que la de San Roque, existía antes que la de Algeciras. Pero la cuestión quedaba confusa con otros datos que me remitió Jesús Terán Gil desde Tarifa, que citaban como la Corporación de esa ciudad apoyó (13-octubre-1849) a Los Barrios para establecer su Feria, que solicitaba para los días 3, 4 y 5 de mayo, de donde se deducía que la primera Feria de Los Barrios, no podía en 1849, cuando Algeciras inició su tramitación.

En la revista Crónica del Estrecho, en 2001, volví a tratar del origen de la Feria de Los Barrios, teniendo en cuenta entonces la novedad aportada por la localización de un antiguo expediente municipal de 1849, donde citaba que en esa fecha el Ayuntamiento de Los Barrios inició el trámite para la autorización real de una feria en la Villa. El jefe superior político de la provincia de Cádiz dijo (22-mayo-1849) al alcalde constitucional barreño que Algeciras solicitaba Feria anual para los días 24, 25 y 26 de julio y un mercado público cada último jueves de mes, pidiendo que comunicase si le ocasionaba perjuicio a la Villa. Días después, se le remite la respuesta local favorable. Meses más tarde es el propio Ayuntamiento de Los Barrios (15-septiembre-1849), quien solicitó autorización real para su propia Feria, con mercado de ganado, a celebrar anualmente los días 3, 4 y 5 de mayo. Para ello, según la Real Orden de 17-mayo-1834, se abrió su expediente municipal, donde constaba que la Villa tenía 830 vecinos; que los pueblos cercanos que tenían autorización real para sus respectivas ferias eran: Alcalá de los Gazules (9, 10 y 11 de mayo), Jimena de la Frontera (15, 16 y 17 de agosto) y San Roque, aunque en éste último no se efectuaba; que los tres mayores contribuyentes locales, así como los peritos de contribución eran favorables al respecto; que contaban con la Vega de Maldonado como lugar más adecuado para su instalación; que habían informado (16-octubre-1849) a Jimena y Alcalá para que alegasen si tenían alguna objeción. El alcalde de Jimena dijo (20-octubre-1949) que era favorable, mientras el de Alcalá reclamó que en el escrito enviado no constaba la fecha de esa Feria, lo que se cumplimentó (15-diciembre-1849), pero el expediente quedó sin cerrar, quizá porque Alcalá no contestó o quizá se opuso a su celebración. Así pues, concluía aquel artículo diciendo que desconocía si entonces consiguió la Villa la autorización real para la su Feria, aunque recordaba que a partir de 1853, dejó de ser necesario dicho privilegio real.

Varios documentos consultados con posterioridad, donde determinados alcaldes de Los Barrios solicitaron autorización superior para lidiar reses bravas en la Plaza de la Iglesia, coincidiendo con las Fiestas Patronales de San Isidro Labrador, permiten por fin dar claridad documental al origen de la actual Feria de la Villa.

Dichos documentos son cinco oficios de 1855, 1858, 1860, 1863 y 1864, firmados por varios alcaldes barreños, dando cumplimiento a un oficio anterior del gobernador civil de Cádiz (23-enero-1855), comunicando presumiblemente, que sería necesaria su autorización para dar corridas de toros en los pueblos de la provincia. Recuérdese que, desde 1853, ya no era necesaria la autorización real para realizar ferias, siendo cada autoridad provincial la que debía autorizarla. Por eso, debieron proliferar en España, no sólo las nuevas ferias locales con iguales atribuciones que las antiguas ferias reales, como mercados de ganados o corridas de toros, sino que también muchas fiestas locales y fiestas patronales, algunas denominadas veladas, que coexistían con las antiguas ferias reales, intentarían introducir dichas actividades como propias.

En el primero de los oficios citados (3-mayo-1855), el entonces alcalde barreño Lorenzo Fernández informa al gobernador que: “Desde hace muchos años ha sido costumbre en esta Villa en la festividad de su patrono San Isidro Labrador, después de la solemne procesión religiosa, que al efecto se le consagra traer los labradores en este dia y los dos siguientes los ganados vacunos de su propiedad á la Plaza mayor ante la puerta de la Parroquia, de que es Titular el Santo donde suelen correrse algunas reses de un modo propio y peculiar de esta localidad, que ni puede calificarse de corrida propiamente tal, ni aun de capeo aun cuando se acerque indudablemente mas á esto último”. Por ello le pedía instrucciones sobre si debía permitirlo como años anteriores, o prohibirlos. La respuesta superior fue que se autorizaba la función de toros de que se trata, constando en la minuta correspondiente: “En vista de quanto Vuestra Señoría manifiesta en su oficio de 3 del actual respecto á la costumbre que existe en ese pueblo de lidiar algunos toros el dia de San Isidro he acordado autorizar á Vuestra Señoria para que pueda dar la competente licencia en el caso de que alguno lo reclamase, debiendo adoptar á Vuestra Señoria cuantas prevenciones juzgue conveniente afin de prevenir y evitar cualquier desgracia.- Dios guarde etc.”

En un nuevo oficio (26-abril-1958) el alcalde barreño Diego García escribe: “Es costumbre en esta Villa de tiempo inmemorial celebrar Solemnemente la festividad de su Santo patrono San Isidro Labrador á que dá titulo la Parroquia, y despues de la funcion de Iglesia traer los vecinos del pueblo sus ganados á la plaza mayor y Capear varias reses en el espresado dia y los tres siguientes”. Por eso le solicitaba su autorización igual que en mayo de 1855, a lo que accedió la autoridad provincial siempre, igual que a otra nueva petición del alcalde Lorenzo Fernández (30-abril-1860) También consiguió la autorización gubernamental.

El siguiente oficio (26-abril-1863) del alcalde Gabriel Muñoz, dice: “Es costumbre inmemorial en esta Villa, la de que el dia 15 del procsimo mes, que es el de San Isidro labrador patrono de la misma, se corran varios novillos en la plaza de la Contitucion, lidiados por los vecinos aficionados; repitiendose dicha fiesta por tres o cuatro dias consecutivos en que durante la velada que con tal motivo se celebra”. En esta ocasión el gobernador, aunque autoriza lo solicitado, muestra su repugnancia a que en vez de novillos se lidien toros en plazas que no estaban bien acondicionadas al efecto.

En el último de los oficios localizados (1864), será el mismo alcalde Gabriel Muñoz que escribe: “Es costumbre inmemorial en esta Villa la de que para celebrar su patrono San Isidro Labrador, se efectuen algunas corridas de novillos en la plaza de la Constitucion, los cuales son lidiados por los aficionados que gustan; y los demas vecinos concurren como espectadores á estos regocijos sin satisfacer cantidad de ninguna clase”.

De todo ello se deduce en primer lugar que desde el oficio de 1855, los alcaldes barreños usan la denominación de Villa para designar a Los Barrios. En segundo lugar, que desde tiempo inmemorial la Villa venía celebrando la festividad de su patrón San Isidro Labrador con regocijos populares, principalmente de carácter taurino. En tercer lugar nada dicen que la Villa entonces realizase una feria coincidiendo con dichas fiestas patronales, aunque en el oficio de 1863 sí se cita la realización de una velada en la Villa, coincidiendo con las fiestas patronales. En cuarto lugar, hasta ahora, la referencia documental más antigua que he localizado, citando que la Villa, junto a las fiestas patronales también realizaba una feria, corresponde al año 1897, como ya indiqué en su día en un artículo o crónica de la feria de dicho año, donde citaba que en esa fecha se citaba como “velada y feria”.

Por lo tanto, aquí cabe decir que probablemente Los Barrios nunca contó con autorización real o gubernativa para realizar feria coincidiendo con la festividad de San Isidro. Su única autorización quizá sería contar con una remota tradición inmemorial, que se perdía en los orígenes de su nacimiento como nueva población tras la pérdida de Gibraltar, como ya mencioné al referirme al referirme a aquella feria que coincidía con la celebración de su tercer centenario (2004).

Así pues, aunque la Villa de Los Barrios nunca contase con autorización expresa para su feria, siempre contó con la autorización que nacía de la costumbre inmemorial. Por eso, si no fue de derecho, al menos, lo fue de hecho, tal como lo sentirían sus propios vecinos y le reconocían los vecinos de las demás poblaciones del Campo de Gibraltar.



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