El Reportaje / Manuel Álvarez Vázquez

5/8/2012 1

El Año de la Pepa, por M. Álvarez

Manuel Álvarez Vázquez, Dr. Filosofía y Letras

Desde que escribí aquel artículo para una revista de feria local sobre la Torre de la Iglesia (1990), supe que sería difícil no seguir haciéndolo después. En los veinte años de cronista oficial de Los Barrios (1992-2012) he cumplido con creces ese compromiso personal de colaborar con las revistas de ferias que me pidieron algún artículo, procurando desarrollar un tema propio y adecuado para cada una de ellas. Así, en la revista oficial, inicié una serie de crónicas históricas sobre las ferias barreñas desde su origen hasta tiempos recientes, extrayendo los datos de los libros de actas que se conservan en el Archivo Municipal. De vez en cuando esa crónica histórica de feria dejó paso a conmemorar algún centenario de interés local, sin faltar aquellos aniversarios en aprticular sobre alguna asociación o peña barreña, cuya actividad tuviese algún contenido festivo o lúdico. Incluso en ciertas revistas de feria, atendí al interés personal del que me pidió colaborar, publicando entonces noticias y datos inéditos del origen e historia de la fiesta taurina local. En esta ocasión, quizá la última vez que colabore con una revista de feria, porque después de tantos años me siento desilusionado, aprovecharé que este año se celebra el bicentenario de la Constitución de Cádiz, conocida popularmente como la Pepa por su fecha de promulgación (19-marzo-1812) y evocaré con brevedad cómo era Los Barrios aquel año de la Pepa.

Al inicio de la Guerra de la Independencia, Los Barrios tenía 700 vecinos, o sea, de 2.000 a 3.000 habitantes. La epidemia de fiebre amarilla de 1804 redujo su población casi en un centenar, aunque entonces se acuarteló en Los Barrios casi un millar de soldados que con otros de las poblaciones vecinas debían atacar por sorpresa a Gibraltar. Fracasado el intento, dicha guarnición militar permaneció hasta que salió en 1808 con destino hacia Bailén, donde contuvo la entrada del ejército napoleónico en Andalucía, aunque un par de años después aquel ejército español victorioso quedó diezmado ante un nuevo avance francés hacia Andalucía, dejando multitud de desertores y dispersos que huían hasta el Campo de Gibraltar, igual que una numerosa población civil, que dejó sus pueblos para evitar la atrocidad del ejército invasor. Muchos de esos exiliados civiles y religiosos, cuando las puertas de Cádiz y Gibraltar pretendieron contenerles, no dudaron en refugiarse en Los Barrios, asumiendo el posible riegos ante un ataque enemigo, como documentalmente he mostrado en algún trabajo.

La resistencia de Cádiz frente a los franceses, así como la actividad guerrillera en la Serranía de Ronda y puntos avanzados del Campo de Gibraltar, entre otros los apostaderos de las Casas del Castaño y Venta de Ojén, pronto permitió reorganizar al ejército español, pasando de la acción defensiva a la ofensiva, para lo que fue vital nuestra comarca. El general Ballesteros al frente de aquel naciente IV Ejército pronto contó con varios miles de soldados, muchos de los cuales quedaron en Los Barrios, para constituirse en fuerza de caballería, usando los alrededores de la población como campo de entrenamiento. Incluso el propio Ballesteros en numerosas ocasiones estableció en Los Barrios su cuartel general, como deja constancia documental su fluida correspondencia y partes de guerra. Así el impres donde comunicó a la guarnición militar del Campo de Gibraltar las instrucciones para el juramento de la Constitución de Cádiz, está datado precisamente en Los Barrios (23-junio-1812).

Pero la presencia del ejército de Ballesteros en Los Barrios no pudo impedir que el ejército francés de vez en cuando efectuase alguna incursión sobre Los Barrios en 1812, robando ganado o dejando a su paso las cosechas incendiadas y los campos cubiertos con las víctimas que intentaron resistirles. Incluso en las varias entradas a la población, aunque solían respetar las viviendas ocupadas, en cambio aquellas cuyos dueños la abandonaban por temor a sus represalias, en el mejor de los casos, fueron despojadas de la madera de sus puertas y ventanas para las hogueras de los soldados napoleónicos, e incluso en algún caso incendiada o destruida en su totalidad. Las actas notariales de la época permiten identificar algunas viviendas dañadas ubicadas en las calles barreñas: Ancha, La Plata, Gibraltar, Nueva, Plaza de San Isidro, etc.

Pero en medio de tanto dolor y sufrimiento de la población civil, poco a poco, los decretos emanados por las Cortes de Cádiz al amparo de la Constitución de 1812 fueron mostrando un rayo de esperanza para mejorar la situación política, social y económica de los españoles, anunciando el final del Antiguo Régimen y la monarquía absoluta que lo había sustentado, que en ausencia de Fernando VII, retenido por Napoleón en Francia, se transformaría en monarquía limitada por el control parlamentario y la división de poderes.

Los primeros efectos del nuevo régimen parlamentario o democrático comenzaron en Los Barrios ya con la elección en junta parroquial (29-julio-1810), donde todos los vecinos varones mayores de 25 años eligieron en el atrio de la Iglesia a los electores, que en sucesivas elecciones de partido en Algeciras (4-agosto-1810) y provincial en Cádiz (19-agosto-1810) nombraron los diputados que irían a Cortes (24-septiembre-1810). Conviene decir al respecto que aunque el corregidor del Campo de Gibraltar, solía residir en San Roque, como cabeza de partido se nombró Algeciras, poniendo fin a la primacía de San Roque durante el Antiguo Régimen. Además entonces Andalucía estaba dividida en cuatro provincias o reinos (Sevilla, Granada, Córdoba y Jaén), pero Cádiz que tan sólo era una provincia marítima de menor rango administrativo, consiguió suplantar la capitalidad de Sevilla, que estaba ocupada por los franceses.

No menos importante fue el decreto que suprimió los señoríos jurisdiccionales (6-agosto-1811) que en Los Barrios supuso que los dos señoríos existentes, uno el de los Solís sobre las Navas de Gibraltar y el otro el de los Areizaga sobre Ojén y Zanona, quedasen sujetos a la autoridad del alcalde mayor de Los Barrios en 1812. Pero quizá la medida más democrática a nivel municipal fue la supresión de los cargos municipales hereditarios como los de regidores perpetuos, escribanos de cabildo o alguaciles propietarios, que pasarían a ser de elección vecinal. Los antiguos alcaldes mayores y corregidores de nombramiento real también se transformarían en jueces, mientras que su antigua autoridad política pasaría a mano de los nuevos alcaldes constitucionales elegidos por los vecinos. Por tal motivo el alcalde mayor de Los Barrios, Joaquín de Eguiguren se transformaría en juez, mientras que por nuevo alcalde interino fue designado Bartolomé del Castillo, que seguiría siendo el más activo y poderoso representante de la antigua oligarquía local, cuya morada, la actual Casa de la Cultura en calle Calvario, era muestra de la evidente fortuna de su propietario.

No obstante el decreto sobre la libertad de imprenta (10-noviembre-1810) permitió la difusión de las nuevas ideas liberales, favoreciendo así la formación de las primeras sociedades patrióticas, en la que sin duda se integrarían algunos miembros de las antiguas milicias urbanas de Los Barrios, junto con voluntarios de las guerrillas locales que se habían enfrentado no solo a los franceses, sino que además vigilaban para que los partidarios del Antiguo Régimen no recuperasen el poder que habían comenzado a perder.

Por último el nuevo régimen constitucional propició al año siguiente la total segregación e independencia municipal de San Roque, Algeciras y Los Barrios mediante el establecimiento definitivo de la división de propios, que había sido mancomunados durante el Antiguo Régimen, para que de así cada ayuntamiento administrase con total autonomía e independencia los bienes de propios establecidos en su reglamento correspondiente, sin que los otros dos restantes lo limiten.

Desgraciadamente al finalizar la Guerra de la Independencia y retornar el rey Fernando VII a España (1814), las reformas liberales legisladas por las Cortes de Cádiz al amparo de la Constitución de 1812, quedarían derogadas y de nuevo se impuso el Antiguo Régimen, aunque en Los Barrios aquella primavera política tan esperanzadora que se había atisbado aquel 19 de marzo de 1812, seguiría latente durante años intentando, tan pronto como fuese posible, retornar a aquellas malogradas aspiraciones liberales.



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