El Reportaje / Alfonso Pecino López

8/21/2013

Nuestros vecinos los árboles urbanos

Ya lo sabemos, Los Barrios es un municipio claramente arbolado. Varios millones de ejemplares viven en su término municipal, si bien hay que decir que la inmensa mayoría lo hace en las zonas rurales, en sus vegas, lomas y montañas, especialmente, en los terrenos incluidos en el Parque Natural Los Alcornocales.

Nuestros vecinos los árboles urbanos

Alfonso Pecino López | Miembro de la Asociación Cultural Palestra

Pero hay un grupo que, por su cercanía y cotidianidad, es especialmente interesante: los árboles urbanos, unos vecinos muy convenientes.

Efectivamente, en los distintos núcleos de Los Barrios compartimos el espacio vital y nuestras vidas diarias con unos compañeros realmente valiosos para nosotros. Son los árboles, solitarios o en grupos, que tenemos más cercanos, los que conviven con nosotros en nuestras terrazas o patios, o en nuestras calles, plazas, parques y jardines públicos, y que nos aportan un sinfín de variados e importantes beneficios que los hacen ciertamente irreemplazables.

El árbol en la ciudad cumple valiosos servicios sociales y ambientales y, ya se ha comprobado, tiene también una importante componente económica.

El arbolado es mucho más que un simple elemento decorativo o una pieza más de mobiliario urbano, se ha convertido por mérito propio en un importante patrimonio de gran valor para el municipio, para sus vecinos y sus visitantes. A nadie se le escapa que la presencia de arbolado contribuye de forma muy notable a mejorar nuestra calidad de vida y son una pieza fundamental de la imagen de Los Barrios, de nuestra propia identidad.

Los árboles y demás plantas son un verdadero puente de contacto directo y cotidiano con la naturaleza. Nos permiten una cierta vuelta a un medio ambiente más natural y menos artificial, donde podemos encontrar animales silvestres, como los pájaros, mariposas, y tantos otros, difíciles de conocer de otra forma, y donde se reproducen los ciclos naturales, como los cambios estacionales o el mismo crecimiento de los ejemplares, que vivimos junto al nuestro propio.

Ahora, en tiempos de tantos problemas ambientales, se han convertido en una apreciable herramienta contra el cambio climático, pero llevan toda la vida absorbiendo contaminantes, como el dióxido de carbono, dañino para nosotros, y nos devuelve importantes cantidades de oxígeno, imprescindible para nuestra existencia. Y nos ayudan a combatir los ruidos molestos, y hasta los fuertres vientos y lluvias, reteniendo gran cantidad de agua y nutrientes del suelo. Y, con la parsimonia que los caracteriza y con ayuda del sol, acaban convirtiéndolos en esas frondosas y llamativas copas que suavizan las temperaturas, nos dan sombra y nos permiten estar al fresquito en los días en los que el sol aprieta, que no son pocos por estos lares.

Pero ahí no queda la cosa, a estas aportaciones de tipo ecológico se le suman las de tipo social, psicológico, emocional que despiertan en nosotros los árboles. Cada vez están más consideradas las aportaciones positivas que tiene para nuestra salud la contemplación del verde y demás colores, y del equilibrio, paz y tranquilidad que nos aportan en nuestras calles y plazas. Nos permiten, a la vez, encontrarnos con otros vecinos, conocer gente y disfrutar de las necesarias relaciones sociales que, de otra manera, nos resultaría muy difíciles.

Incluso nos aportan a todos una buena parte de nuestra educación emocional y estética. Con sus cambios de formas y colores a lo largo de las estaciones nos ayudan a conocer y a apreciar la belleza. ¿A quién no emociona la incomparable belleza de la copa repleta de flores rosadas en primavera del Árbol del Amor, las flores lilas de la Melia, el olor del azahar o el verde luminoso de las hojas nuevas de los fresnos?. Es realmente un lujo para nosotros poder disfrutar de todo esto… aunque a veces no lo valoremos a su justa medida.

Nos aportan valores culturales e, incluso, históricos, siendo fieles testigos y reflejo de nuestro devenir como pueblo español y andaluz por tantas partes del globo. Así, gracias al arbolado están presentes en nuestro municipio todos los continentes del mundo: Eucaliptos, casuarinas, grevilleas y ficus, de Australia; washingtonias, almeces o araucarias de América; acacias, cedros de África; magnolias, granados o cítricos de Asia; pinos, arces y tuyas del continente europeo, a las que hay que sumar un buen número de especies autóctonas o de otras zonas de nuestro país, como fresnos, alcornoques, acebuches, quejigos, pinos, algarrobos, palmeras y tantos otros.

También en el terreno económico el arbolado urbano tiene un importante papel. Por ejemplo, es ciertamente un criterio para aumentar el valor de nuestras viviendas, de edificios singulares (como hoteles, nuestra Casa de la Cultura,…), y de nuestro municipio al completo. Haciéndolos más atractivos y aportándoles aspectos positivos que se pueden cuantificar. Por otro lado, es una fuente de creación de empleo directo, no sólo hablamos de jardineros, ciertamente hay una economía muy importante alrededor del arbolado y las zonas verdes urbanas: arquitectos y técnicos paisajistas, albañiles y fontaneros, viveristas, transportistas, comercios de abonos, herramientas,…

Por otro lado, es importante ser conscientes que, como seres vivos que son, no están exentos de problemas, como la afección de enfermedades y plagas; los derivados de un mal diseño de la plantación, de la incorrecta elección de la especie a plantar, o de la dejadez en los necesarios cuidados, sin olvidar el empecinamiento que seguimos observando de algunos profesionales en el desmoche o la poda abusiva. Todo esto puede dar al traste definitivamente con buena parte de nuestros árboles y quedarnos sin su compañía.

No olvidemos que, a veces, son ellos los que nos comparten su vida, ya que son muchas las ocasiones en las que estos vecinos nos sobreviven, y somos nosotros los que ocupamos alguna parte de sus longevas existencias, y son varias las generaciones sucesivas las que disfrutan de la compañía, de la vecindad, de los beneficios de determinados ejemplares, como verdaderos mensajeros de la comunicación, del patrimonio que se establece entre las distintas generaciones.

Por eso y muchas cuestiones más, es un hermoso empeño procurar que las generaciones venideras encuentren nuestra villa rebosante de arbolado, que seamos capaces de compartir con los que aún no han llegado a este mundo, pero llegarán, una bienvenida en verde, un mensaje de esperanza y un legado preciado para todos.



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