Opinión / Opinión

10/26/2017

Los niños sin rostro

Los niños sin rostro

Isabel Camacho / @isacmpz | Escritora e investigadora de Parasipcología

A pocos días de la noche de Halloween, ocurrió una historia trágica  en una carretera cercana a este pueblo.

Existe una leyenda sobre este lugar en la que se dice que en  cierta curva de la carretera, algunas noches de tormenta aparecen unos niños sin rostro. Y  la única vez que se les ve la cara es la noche Halloween.

La noche del  28 de octubre Jesús salió del trabajo,  más tarde que de costumbre, cuando iba en dirección a su casa llovía mucho y para acortar camino decidió coger esa carretera.

La intensa lluvia y la profunda oscuridad no le dejaba ver más de lo que alcanzaba la luz corta de su coche.

El viento y el agua hacia un aterrador ruido en la soledad del camino, el suyo era el  único vehículo  que circulaba por allí esa noche.  

El lugar no era muy frecuentado ya que la leyenda negra y la cantidad de accidentes que habían ocurrido por esa zona hacia que la gente lo evitara.

Cada curva que cogía un escalofrió recorría su cuerpo.

El no creía en leyendas de muertos y ni siquiera sabía la historia que tenía el lugar por donde circulaba.

Pero  sentía inquietud, como si un mal presentimiento le acechara en su cabeza.

Puso la radio para distraerse, pero no se oía con claridad ninguna cadena.

Apartó la vista de la carretera un momento para intentar sintonizar la radio, al volver la mirada al carril, en medio de la carretera había un niño.

Un niño de unos ocho años al que no se le distinguía la cara. Estaba inmóvil en el camino como si  no le importara ser atropellado por el coche que se acercaba hacia él.

Jesús se quedo paralizado intentado verle la cara y cuando se dio cuenta  que no tenía rostro, ya era tarde y el coche se  dirigía hacia un barranco.

Realizó  un giro brusco con el volante, recuperó el control del coche  antes de que cayera.

Pero justo cuando enderezó el vehículo escucho el grito desgarrador de una mujer.

Jesús no podía creer lo que le había ocurrido y condujo muy deprisa hasta llegar a casa.

No podía parar de pensar lo que le había pasado y se encontraba muy extraño era como si el tiempo se hubiera parado en el momento en el que vio a ese niño sin rostro.

Entro en casa, todo estaba en silencio, parecía que no había nadie, pero como era tarde pensó que todos estaban acostados y se dirigió a su cuarto sin hacer ruido.

Se sentó en los pies de su cama y volvió a oír el estremecedor grito de esa mujer, se levantó de un salto, salió al pasillo pero no había nadie. Solo estaba su gato gris que lo miraba fijamente.

Bajó las escaleras  lentamente en dirección al salón de la casa y de repente oyó las voces de unos niños cantando algo con tono muy triste en la parte de arriba de la vivienda.

Se volvió  corriendo hacia su cuarto que era de donde venían las voces.

Cuando entró en su habitación solo estaba su gato y la puerta se cerro de un gran golpe.

De nuevo ese grito desgarrador de  mujer le hizo estremecerse.

Estaba tremendamente asustado, no sabía si estaba ocurriendo algo en su casa o si todo era producto de su imaginación, después del susto que se había llevado en la carretera.

Decidió acostarse y no pesar en más nada, se sentía muy cansado casi sin fuerzas para nada. Miro su reloj pero estaba parado, se metió en la cama y cerró los ojos.

Cuando los volvió abrir lo primero que hizo fue mirar su reloj que ahora si funcionaba y ponía que era 31 de octubre a las diez y media de la noche, día de Halloween.

Estaba asustado, miro a su alrededor y no estaba en su dormitorio.

Se encontraba en una fría camilla de acero, en una habitación en la que solo había unos niños  que no tenían rostro.  Intentó gritar pero nadie le oía.

Se levanto rápidamente  y  salió de la habitación corriendo, cuando uno de los niños le dijo.

-No huyas, ahora eres uno de nosotros-

Salió fuera y volvió a oír ese grito de mujer, que lo tenía desconcertado. Pero esta vez sabia que venía de detrás de la puerta que tenía delante.

Cuando entró se encontró a su madre desolada que gritaba delante de una gran ventana de cristal que daba a la habitación donde él se había despertado.

-¿Qué pasa mama? ¿Por qué gritas?- le pregunto Jesús a su madre.

Pero ella no le oía y seguía apoyada en el cristal llorando desconsoladamente.

Jesús se acercó al cristal y vio que su madre estaba llorando a su cuerpo sin vida que yacía encima de la camilla de acero.

Miro a su alrededor y allí estaban los mismo niños de antes pero esta vez si se les veía la cara, giró la vista hacia el cristal y vio su reflejo, que ya no era el de antes ahora el también era un niño y ya no tenía rostro.

Aquella fatídica noche Jesús no consiguió enderezar el coche, después de ver aquel niño en la carretera y cayó por el barranco quedando en coma ese  28 de octubre hasta el día 31 que falleció.

Y su alma pasó a ser uno más de los niños sin rostro.



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