MENUDENCIAS BARREÑAS

El pozo del Santísimo o de la Tinaja

La primera vez que conocí la existencia de un pozo denominado del Santísimo dentro del núcleo urbano de Los Barrios, fue a principios de los años noventa del pasado siglo XX. Se cita en el largo pleito que, desde mediados del siglo XVIII hasta bien entrado el siglo XIX, sostuvieron los propietarios del llamado cortijo Grande de Los Barrios contra más de un centenar de vecinos, que supuestamente usurparon tierras de dicho cortijo para construir su vivienda después de la pérdida de Gibraltar en 1704.

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Dicho pleito no daba su ubicación exacta, pero orientaba a situarlo aproximadamente, teniendo en cuenta la importancia que tuvo la devoción religiosa del Santísimo en el nacimiento de la nueva población de Los Barrios.

Efectivamente, como ya mostré en mi libro sobre la antigua ermita de San Isidro en Los Barrios (Álvarez, 1989), el fundador de esa ermita fue un gran devoto del culto religioso al Santísimo Sacramento. Se llamaba Bartolomé de Escoto y Bohórquez, natural de Gibraltar, quien ejercía como dignidad en la catedral de Cádiz, de la que era canónigo y chantre titular. Esa ermita bajo la advocación de San Isidro estaba en el llamado cortijo de Tinoco, cuya propiedad adquirió poco antes de su muerte a finales del siglo XVII.

Su sobrino, Juan Felipe García de Ariño y Escoto, que le sucedió como heredero del cortijo de Tinoco y también en el cargo de chantre de la catedral gaditana, continuó con la devoción al Santísimo y dio facilidades a los desprotegidos gibraltareños huidos de su ciudad en 1704 para construir chozas, casarones y alguna casa de tejas en los alrededores de la referida ermita de San Isidro, dando así comienzo la nueva población de Los Barrios, que se formó sobre los restos casi despoblados de una remota alcaria o aldea árabe.

Por eso la devoción al Santísimo arraigó entre los primeros repobladores gibraltareños establecidos en Los Barrios, que fundaron una potente asociación religiosa denominada Hermandad de Santísimo, de la que ya me ocupé brevemente en una comunicación sobre las primeras asociaciones religiosas de aquellos exiliados gibraltareños (Álvarez, 1993).

Además, Juan Felipe García de Ariño instituyó un cuantioso Caudal del Santísimo que administró el sacerdote Martín Muñoz Lozano, con el que se financió la construcción de las capillas del Santísimo (Sagrario) en los templos parroquiales de Los Barrios y San Roque.

Igualmente, el nombre del Santísimo constaba en una gruesa lápida sepulcral fechada en 1698, que rescaté hace más de treinta años del antiguo cementerio de Los Barrios, que ahora se conserva afortunadamente a la entrada de la capilla del Sagrario de Los Barrios, de la que en otra ocasión escribiré con más detalles sobre ella.

Asimismo, cabe añadir que una calle de Los Barrios muy pronto se denominó Santísimo, aunque, en mi infancia y juventud, su plazoleta inclinada también se conocía popularmente como calle de la Posada, por la casa de hospedaje que allí existió. En esa plazuela también estaba la denominada Casa de las Doncellas, cuyo dintel tenía grabado el siguiente texto: “ALABADO SEA EL SANTISIMO. 1779”.

Por ello mis primeras indagaciones para localizar el pozo del Santísimo comenzaron sin éxito en dicha plazoleta del Santísimo, tanto en la casa de las Doncellas como en la antigua Posada, cuyo dintel también estaba fechado en 1779. Inesperadamente la ubicación exacta del referido pozo del Santísimo me la dio Isidro Gómez García, nuestro hijo predilecto de Los Barrios, autor de la letra del popular pasodoble o himno local y entrañable colaborador en los cuadernos de Benarax, que edité y dirigí durante una década (1993-2003).

Un día le pregunté a Isidro si él había oído alguna vez el nombre de pozo del Santísimo y si sabía dónde se ubicaba. Su respuesta fue “la Tinaja”, nombre que repitió varias veces y que me desconcertó inicialmente. Pero pronto me aclaró que al pozo del Santísimo popularmente se le llamó pozo de la Tinaja por su peculiar forma constructiva similar a una tinaja y que estaba en el patio de la casa que fue de su familia, que hace esquina entre la calle Santísimo y calle Palma, cuya propiedad actual es de Mario Salcedo. Entonces fue cuando recordé que en mi niñez ya vi aquel pozo extrañamente atinajado, que entonces estaba en la galería arqueada del patio de la vivienda, en la que en más de una ocasión jugué con mi amigo Luis Gutiérrez y su hermano Manolo, que vivían en una de sus dependencias.

Isidro Gómez añadió además que el pozo de la Tinaja era el más antiguo de la población, pues según oyó a sus mayores era de origen árabe y ya existía cuando llegaron los primeros huidos de Gibraltar en 1704 y que además siempre tenía agua abundante. Por su parte el actual propietario, Mario Salcedo, hace unos años me comentó que, después de unas fuertes lluvias, el agua subió hasta cerca del brocal del pozo a pesar de su altura.

En consecuencia, el pozo del Santísimo o de la Tinaja, aunque ya hablé brevemente de él en alguna conferencia (Álvarez, 2004), es necesario conocerlo y estudiarlo mejor y con más detenimiento analizar su peculiaridad arquitectónica, cuyo empedrado interior se estrecha en su fondo, luego se abomba por el centro aumentando su circunferencia y finalmente se vuelve a estrechar y aboveda con sillares perfectamente encajados.

Solo así se podrá determinar con objetividad cualificada su origen y tipología constructiva, para preservarlo en el futuro y que no le pase como a las cercanas casas de las Doncellas y Posada, que lamentablemente, tras su derribo ahora apenas existen en el recuerdo o en alguna fotografía.

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