NOVENA PROVINCIA

A estas alturas no puedo cambiar

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La verdad es que mi entorno familiar no para de decírmelo, que viva mi vida y me deje de ser abanderado de causas ajenas, que no merece la pena y que este mundo y esta vida está llena de hipocresía. Pero sigo cayendo.

Cuando a un amigo o amiga se la juegan, bien en temas personales o, incluso, políticos y le dejan tirado, siempre me pongo del lado del amigo y llego a enfrentarme a quien sea, (lo he hecho, incluso, a través de artículos de prensa) a sabiendas de que perderé esa otra amistad que antes tenía. Pero luego resulta que, en la terrible hipocresía de la vida, estos ambos dos que antes se mataban, se vuelven a hacer amigos por la pura hipocresía de esta sociedad terrible que estamos viviendo. ¿Y quién sale perdiendo? Pues, yo que he dado la cara por un amigo y ahora lo que me encuentro es con un enemigo mientras que ellos vuelven a una amistad que, aunque falsa, te deja siempre un mal sabor de boca.

Igual me pasa en temas políticos en defensa de nuestro Campo de Gibraltar y contra el abandono a que nos tienen sometidos, en los que muchas veces me encuentro sólo y no veo reacción alguna en ninguno de las muchas carencias que tenemos. Y esto me lleva, a estas alturas de mi vida a perder amigos cuando siempre he separado la política y las ideas de cada uno, de la vida personal.

Llegas a preguntarte, ¿Por qué me tengo que meter en camisas de once varas?, ¿Por qué clamo en el desierto cuando, realmente, la mayoría de las veces no merece la pena?

Pues nada, me sigue pasando y no tengo remedio. Así me voy quedando con los amigos verdaderos. Los otros empiezo desde ya a liquidarlos. Me llevo muchos palos. Veo a diario, la hipocresía en las mismas redes sociales donde me encuentro frases que no sienten, gente que en la realidad no se pueden ni ver pero que en las redes son todo dulzura. Esta es la hipocresía y es lo que hay.

Yo, como digo, a estas alturas no puedo cambiar y lo hago por lo mismo que decía aquella fábula en la que aquel hombre comentaba que cuando era joven quería cambiar el mundo. Y que ahora que era mayor, seguía haciendo lo mismo, no para cambiar el mundo, sino para que mundo no lo cambiara a él.

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