MONTE DE LA TORRE

Carta para el invierno

 

Había un país  donde  no nevaba. Los niños anhelaban jugar y divertirse con la nieve, aquella que solamente veían en postales y por las noticias de televisión. En el colegio cuando estaba ya  muy próxima  la  Navidad  una profesora  les  dijo a  sus  alumn@s:

“Os pido que escribáis una carta que luego leerá cada uno en voz alta al resto de la clase.”

Algunos   dijeron:

– “Se la escribiremos a los Reyes Magos pidiéndoles muchos juguetes”.

Otros aseguraban:

– “A Papá Noel, viene antes que ellos.”

Pero,  Lucía,  comentó:

– “Yo se la redactaré al que nos viene a visitar  todos los años y nos regala  algo tan  vital  como la  lluvia.  Me  parece  muy bien  que  le pidáis  regalos  y juguetes  a  esos entrañables y atávicos personajes, pero  sin el invierno  ni ellos ni ninguna otra cosa tendríamos. Es tan trascendente que el mismo Dios lo escogió por cuna de Jesús”. 

Los demás condiscípulos quedaron en silencio, pero, desde ese día, deseaban que llegara el de la lectura de esas epístolas para saber que le decía Lucía al invierno. 

Como todo llega, en esta nuestra vida, pronto fue la data de la exposición de esos escritos.  No sabemos, aunque si lo imaginamos, por qué la maestra dejó la de Lucía para el final de todas. Uno tras otro leyeron relatos muy bellos y emotivos dedicados a sus padres, a los Reyes Magos, Papá Noel…Nadie se atrevió a copiar la idea que había dado ella, esa misiva dedicada al invierno.

La clase entera estaba atenta y expectante  y la  educadora  también por oír las  palabras  de Lucía.  Salió   y procedió a la lectura de su texto que así decía:

“A vos, invierno querido, os dedico estas sencillas letras:

  Esta  carta  que os remito  es  para manifestaros  en primer lugar  lo muy agradecida  que estoy,  como todo  ser  vivo,  por vuestra periódica  visita  ya que,  gracias  a vuestra venida  nos  libra  del sofoco  a que nos  somete  el tórrido  y agobiante verano. Vuestro  mayordomo,  el fiel otoño,  os precede  y  con sus  aires  va desvistiendo a muchos  árboles  para  hacer  una dorada  alfombra  que  tiende en los suelos  y que vos, más tarde, agradecido a ellos,  y sin  mostrar rencor hacia  las plantas  perennes que no hicieran otro tanto,  las  convierte  en fertilizante  abono  para  todos  los vegetales. A nosotros  los humanos  con vuestro  veste de frío  consigue  que  busquemos el mejor calor, ese  que  no valoran muchos  y que es  fundamental  para  mantener  nuestros valores,  la vida de recogimiento familiar, la intimidad  tan  necesaria  para  reencontrarnos. Lo que si  os  ruego encarecidamente, en nombre  de todos  mis compañeros  y de este bonito pueblo, es que  este año  nos  presentes  a tu hija, esa  que  otros niños  del mundo  conocen  y tanto se divierten jugando con ella.

 Sin otro  particular, un abrazo entrañable  de,

  Lucía.”

Al acabar  la  profesora  le preguntó:

“¿Quién es la hija del invierno?”

Se disponía la  pequeña  a contestarle  pero, en ese  instante, antes  de  que abriera  la boca  la niña,  llaman a la puerta. Era  el  director  que accede  al aula y  con él entró una  fuerte  corriente  de aire  que  llevó por la ventana la misiva que   acaba de  leer  Lucía que  estaba colocada sobre  la mesa .

La jovencita, al ver  marchar  a  la epístola por uno de los vanos  del muro  que daban al exterior, mostró algo de tristeza  en su  bellos  ojos  porque era  la única de sus compañer@s que  quedaba sin su carta. Pero le animaba el saber que era cosa normal que se la llevara el viento, ya que era de agradecer el que la recogiera uno de sus heraldos, el viento, para llevársela a sus manos.

Aquella noche Lucía  no conciliaba el sueño, notaba un agradable y extraño  calor. Por la  mañana  la despertó el ruido y  alborozo  de los vecinos suyos gritando:

– “! Mirad, hay nieve, ¡nieve!”

Al verla  sintió mucha dicha  y cuando  llegó  al cole  la  profesora  dijo:

– “Gracias a ti, Lucía, ya sé quién es la hija del invierno. Para recibirla  saldremos tod@s a  jugar  con ella  al patio.”

Transcurrieron años, Lucía  se hizo  mujer pero a l@s  niñ@s  de allí y a todos  los lugareñ@s nunca les  falta  en invierno  la visita  de la nieve, aunque  nadie sabe  que  todo se debió a una  carta  infantil .

El invierno  nos trae  el mejor regalo, los dones  para que germine un mundo solidario y   que  los sueños  de  la dichosa  infancia, esa inmarcesible flor, florezcan  a sus puertas  en  la  bella  y entrañable  fiesta  que  tiene  por nombre  Navidad.  Nunca consideremos al invierno un encierro, pues gracias a él accedemos al mundo más maravilloso, el de la dulce esperanza de una infinita primavera de fraternidad.   

 

 

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Opinión Pepe Pol

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