Educar a Saber Vivir. Una visión de liderazgo

 

«Educar a saber vivir» es y sería la clave para que «funcione» la sociedad. ¡Y mayoritariamente no es lo que estamos haciendo!

Comencemos por el principio: ¿Quién educa? ¿Los padres? ¿Las Escuelas? 

Sí, claro, y también cada uno de nosotros como adultos en nuestro día a día, en nuestras relaciones. 

Cada día cuando decidimos hacerlo todo para que el otro (hijo, pareja, compañero, amigo …) no tenga que hacerlo, lo educamos a «dejarse cuidar», fomentando con ello la pereza. Y es más, educamos a nuestro prójimo a NO confiar en sus capacidades y a NO ser autónomo, a sentirse inútil y dependiente. Cada día cuando decimos a un alumno, hijo o compañero de trabajo lo que tiene que hacer exactamente, cada vez que le decimos que «no se salga de la línea trazada» lo educamos a no tomar iniciativas, a no buscar soluciones, a no usar su creatividad y capacidad de pensamiento crítico. Con nuestras acciones y actitudes damos ejemplo y educamos a las personas de nuestro entorno, especialmente a las personas que lideramos. Somos líderes en el momento que tengamos una responsabilidad sobre un grupo de personas, sea en el trabajo, en la familia o como profesores de una clase. 

Ahora mi pregunta es: ¿Qué queremos? ¿Cómo queremos que sean nuestros empleados, nuestros colaboradores, nuestros integrantes del equipo? ¿Cómo queremos que sean nuestros hijos y alumnos, la futura generación de adultos? 

Tenemos estas opciones a la hora de liderar y educar: crear soldaditos obedientes, o dejar que las personas tomen decisiones con su capacidad de pensar y ser creativos; hacerlo todo o permitir que los demás tengan responsabilidades, puedan opinar y aportar. 

Para dejar que las personas crean, aprendan y crezcan, es necesario tener paciencia, es implícito que se equivoquen, que no todo es controlable. Implica aprender a escuchar(se), a coordinar(se), a aprender constantemente de los demás, sin importar en qué posición se encuentra uno. Implica un proceso de aprendizaje de todos. Implica estar constantemente experimentando, errando, aprendiendo.

Hemos venido aquí a esta tierra a aprender, a experimentar y disfrutar de la experiencia por el camino. 

No hemos venido aquí a obedecer, copiar y agachar la cabeza con miedo a que nos regañen. Sin embargo, es lo que hacemos. Es lo que en muchos casos nos enseñaron.

Es hora de decidir cada uno de nosotros, líderes de nuestra vida: ¿Qué vamos a hacer con la educación recibida? ¿Seguir haciendo lo mismo, ahora que somos adultos? 

¿Quejarnos y lamentarnos por haber recibido semejante educación? ¿Cruzar los brazos y conformarnos? ¿O tal vez levantarnos, caminar con pasos firmes, comenzar a crear y educar a «saber vivir», comenzando con nosotros mismos, dando ejemplo?

Dime tú, ¿Qué opinas de todo esto? ¿Quieres liderar tu vida, educando(te) y educando a tu entorno? Dime, ¿educas o adiestras?

 

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Opinión Veronika Gau

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