EN ROJO Y NEGRO

La palabra Fascista, la carga el diablo

 

“Cuando te llaman fascista sabes lo que estás haciendo bien”, frase que pronunció Isabel Díaz Ayuso a lo largo de una entrevista que mantuvo en Telecinco con Ana Rosa Quintana. La entrevista trataba sobre la valoración que Ayuso hacía sobre el pronunciamiento del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, a propósito del recurso contra la convocatoria electoral el próximo 4 de mayo. La Sra. Ayuso se quejó de los ataques recibidos desde la oposición, momento en el que manifestó: Para posteriormente apostillar “Entonces estás en el lado bueno. En el lado bueno de la historia”.

Por otro lado Juan Carlos Monedero, pocas horas más tarde, valorando la última decisión del Sr Iglesias, aún vicepresidente del gobierno de España, de presentarse a las elecciones madrileñas, antes citadas, dijo lo siguiente: “Es muy generoso, le puede mucho más parar el fascismo de Ayuso“, al ser entrevistado, también por Ana Rosa.

Preocupación debería suscitar que personas que asumen responsabilidades políticas desconozcan el alcance y significado del calificativo “Fascista” o trivialicen su uso. Y en el contexto desde donde se dice, una entrevista en un programa televisivo, el término fascista se bastardea hasta límites inaceptables, rebajando su trágico contenido histórico a mera anécdota. Comparar al fascismo con algo bueno, así como tachar de fascista a quien, como la Sra. Ayuso, ejerce el poder que tiene de la manera que le parece conveniente, son manifestaciones que en nada ayudan a comprender el terror que el fascismo provocó en la reciente historia europea y española.

Utilizar este, como otros conceptos, con esa ligereza en nada ayudan a prevenir los sangrientos acontecimientos que el fascismo provocó en millones de personas desde que asumiera el poder tanto en Italia, como Alemania y la posterior fundación de partidos fascista en todo el mundo y especialmente en la España de la Guerra Civil y la subsiguiente dictadura franquista. Históricamente los partidos fascistas nacen y van creciendo, a lo largo de la década de los años 20 del siglo pasado, como reacción al desarrollo de los partidos comunistas y sindicatos libertarios como consecuencia del triunfo de la revolución rusa de 1917. Los grandes intereses capitalistas ven una grave amenaza en el avance del movimiento obrero y, para oponerse a éste, financian y apoyan la creación de partidos politicos fascistas. Pueden hacerlo en el seno de sociedades “democráticas”, a pesar de que curiosamente todos los partidos fascistas se definen como totalitarios, autoritarios, antimarxistas y antidemocráticos.

Las palabras de Franklin D. Roosevelt, presidente de Estados Unidos, escritas en su discurso de 1938 justificando la “ley antitrust”, son clarividentes y de una rabiosa actualidad. “La primera verdad es que la libertad de una democracia no está a salvo si la gente tolera el crecimiento del poder en manos privadas hasta el punto de que se convierte en algo más fuerte que el propio estado democrático. Eso, en esencia, es el fascismo – la propiedad del estado por parte de un individuo, de un grupo, o de cualquier otro que controle el poder privado.” Por eso toda iniciativa legislativa que debilite el interés común, en beneficio del interés privado, debería ser calificada de “fascista”. Se pone en manos privadas la sanidad, la educación, la atención a los mayores, las fuentes de energías y recursos naturales, con el único fin de servir a intereses privados, debilitando el poder del conjunto de la sociedad, privatizando lo público. Y lo paradójico es que la mayoría de los políticos que apoyan esta expropiación de lo público, en lugar de fascistas se denominan demócratas y, más paradójico aun, cuando una parte de la ciudadanía aplaude las políticas privatizadoras, que acaban siempre siendo monopolísticas y que como la historia ha demostrado, es un paso inevitable hacia el exterminio de los diferentes. Una sociedad democrática tiene como principal objeto mantenerse democrática y por ello debe defenderse del Fascismo, de todos los fascismos. Por eso Sra. Ayuso “Cuando te llaman Fascista” es que estas en el lado oscuro, nada bueno por cierto.

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