La seguridad vial ante las glorietas o rotondas

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Andrés López Pérez | Movimentológo

 

La mayoría de los conductores/as saben conducir sus automóviles sin ninguna duda, pero muy distinto es saber circular. Un ejemplo de ello, lo vemos muy a menudo en las dichosas rotondas o glorietas, las cuales suelen presentar algún que otro conflicto entre conductores/as sobre quien tiene o no la prioridad o preferencia de paso. Pues bien, en el caso de circular en rotondas la Dirección General de Tráfico (DGT) siempre se ha mantenido en una misma posición: “la normativa aplicable es la misma en glorietas que en la circulación general. Es decir que en el asunto de circular en rotondas DGT no ve una especificidad que la obligue a pedir al Poder Legislativo un pliego de normas que le sea propio”.

Aclarada la duda sobre rotondas y glorietas para aquellos/as conductores/as que pudieran ser más crítico, imaginemos a través de estas palabras textuales, una larga carretera que desemboque en una glorieta, y que nuestra ruta sea la de hacer un cambio de dirección hacia nuestra izquierda. Mientras circulamos por la vía de dos carriles en el mismo sentido, lo haremos por nuestra derecha. Antes de entrar a la glorieta, haremos el ceda el paso para comprobar que nadie circula por ninguno de los dos o tres carriles que rodean y forman parte de la glorieta. Ante este tipo de circulación de tráfico, nos podemos encontrar con tres situaciones:

Que un vehículo esté circulando por el carril exterior. Lo que tendremos que respetar y hacer el ceda el paso ante la preferencia del vehículo que ya está circulando por el interior de la misma, y cuya intención podría ser la de salir por la siguiente salida.

Que un vehículo esté circulando por el carril del medio de los tres existentes. Lo que podremos incorporarnos al carril de la glorieta haciéndolo por el carril exterior, siempre y cuando el vehículo que ya circula por la glorieta no haya indicado su deseo de cambiar de su carril al exterior.

Que un vehículo esté circulando por el carril interior de los tres. Lo que podremos incorporarnos a la glorieta haciéndolo por el carril exterior. Pero en caso de que nuestra ruta fuese la de cambiar el sentido de la marcha y observemos la intención de un vehículo que se incorporarse a la glorieta, le facilitaremos la incorporación al carril exterior cambiando nosotros al carril del medio.

Puede parecer un poco complejo en su teoría, pero al final es cuestión de sentido común. Por ejemplo, si un conductor que circula por el carril interior y desea salir de la glorieta, tendrá en cuenta que antes de cambiar de carril no haya ningún vehículo que esté por el carril de su derecha, porque en caso de que sea así, este no podrá hacerlo y para ello se verá obligado a seguir circulando por el carril del interior de la glorieta, dándole una vuelta completa a la misma hasta que las circunstancias le permitan incorporarse hacia el carril exterior. No es más que cuestión de sentido común como si una vía de dos carriles en el mismo sentido se tratara, que para cambiar de carril hay que señalizarlo y respetar la preferencia, si se diera el caso.

Algo que si observamos detenidamente hacia una glorieta como peatón, apreciaremos mucho mejor como los conductores/as suelen incorporarse y atravesar la glorieta en línea recta, haciendo caso omiso a las marcas viales del suelo que delimitan los carriles, lo que se deduce, que la mayoría de los conductores/as desconocen, o no, como se circula correctamente por una glorieta bordeando la misma por sus respectivos carriles o respetando el trazado vial de la propia glorieta.

Pero esta mala praxis de muchos conductores/as a la hora de circular por las glorietas: no ceder la preferencia al que se incorpora a la rotonda, no indicar mediante los indicadores de dirección o luces intermitentes la salida de la glorieta hacia una vía, circular por la parte interior de la glorieta e intentar salir de la misma sin señalizar la maniobra o no respetar al que circula por el carril exterior. Estos serían algunos casos sobre las distintas situaciones que nos podemos encontrar al intentar circular, entrar o salir de una glorieta. De muchas de estas situaciones ha sido el resultado de cuantiosos siniestros viales, a consecuencia de que el vehículo que se incorpora a la glorieta no respetó la preferencia del que circula por la glorieta, o quien entra y sale de la glorieta en el mismo sentido de la marcha, lo haga en línea recta. Lo que ha supuesto que muchos de estos casos descritos, haya saltado a la luz a consecuencia del “timo de la glorieta”, y que nada tiene que ver con quien circula correctamente y es víctima de un siniestro vial por un conductor/a imprudente.

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