Luis Vilches y la sempiterna punta roma de su espada

El comportamiento de los toros del Conde de la Maza mantuvo el interés del público en el cuarto festejo de Feria de Abril. Una corrida dura, muy desigual en presentación, muy astifina, con las complicaciones propias de la mansedumbre, y con un quinto de oreja. Luis Vilches demostró con la calidad de su toreo en una faena profunda, con momentos muy emotivos y que no supo firmar con la espada. Los debutantes Rafaelillo y Joselillo anduvieron firmes y valientes, muy por encima del juego áspero y complicado de sus respectivos lotes

Manuel Viera.-

TOROS: Se han lidiado toros de la ganadería del Conde de la Maza, desiguales en presentación, astifinos, duros y complicados. Destacó el quinto: noble y con recorrido.

ESPADAS: -Rafaelillo (que debutaba), de nazareno y oro, silencio y silencio.

-Luis Vilches, de verde manzana y oro, silencio tras aviso y silencio tras aviso.

-Joselillo (que debutaba en la Maestranza), de grana y oro, saludos y silencio tras aviso.

INCIDENCIAS: Dos tercios de plaza.

Hay momentos en el toreo de Luis Vilches que le pegan a uno en algún nervio de la sensibilidad y se borra el sentido crítico. Esto es lo que me sucedió cuando el de Utrera toreó con la zurda al quinto toro condeso en una faena poblada de momentos interesantes. Una faena profunda y emotiva que no llegó a la perfección debido a la inseguridad que provoca ocho meses de paro después de padecer una gravísima cornada. Pero el torero de Utrera, con la suerte de su parte al tocarle el toro más toreable de la complicada y dura corrida de los hijos del Conde de la Maza, se le volvió de espalda con la sempiterna punta roma de su espada cuando el triunfo, decisivo triunfo, lo tenía otra vez al alcance de los dedos. Luis lloraba de rabia y de impotencia mientras el público le aplaudía con fuerza una faena de pura arquitectura, de pases al natural de mano baja, largos, sentidos, hondos y con la intensidad rotunda de una calidad extraordinaria.

No pudo ser, cuando el ‘milagro’ estaba a punto de producirse, porque torear como lo hizo Vilches a uno bravo, entre los complicados, por duros, correosos y mansos toros condesos, no era posible. Fue faena corta, reducida pero sustanciosa en calidad. Desde el prólogo a derecha pasando por los hondos naturales, el interesante trasteo se caracterizó por la solidez digna de un toreo con gusto y grandioso. Un espadazo sin estilo haciendo guardia y una estocada baja le robaron, otra vez, la gloria del triunfo y… quizá su futuro.

Con el segundo, soso en sus embestidas pero acudiendo a los engaños sin demasiadas complicaciones, acusó Vilches la inactividad tras la cornada y la presión que le suponía buscar el éxito a cara de perro. Muy decidido trazó muletazos buenos con ambas manos y su peculiar estilo, pero sin llegar a convencer. Con la espada mal.

El toreo de Rafaelillo es lo más parecido, no por su apabullante entrega y reconocible valor, a los clásicos creativos, a quienes lo ejecutaban con formas consistentes y emotivas no exentas de verdad. Rafaelillo es todo valor y arrojo, se la juega sin cuento en esta tarde de su debut en busca de una gloria, de la que está convencido que la tiene al alcance de la mano. Aunque tenga que pisar el sitio donde estos complicados y duros toros embisten. Será simple cuestión de tiempo para ver al murciano lograr su objetivo. Muy difícil lo tuvo con el primero, un toro manso, muy parado y midiendo siempre al torero, al que le buscaba las zapatillas en cada pase. El torero de Murcia aguanto imprevisibles embestidas con extraordinario valor. Tardó en matar debido a las complicaciones para ponerlo en suerte, y lo hizo con contundente estocada. Con el también manso y peligroso cuarto, se la jugo de hinojos en la puerta de chiqueros para seguir en la misma línea en una faena firme, valiente y emotiva. Dos pinchazos precedieron a otra buena estocada.

Tiene estilo en sus formas y calidad en su toreo, algo muy difícil de mostrar lidiando toros de comportamiento duro e imprevisible. Joselillo no defraudó en su presentación, es más, salió airoso de la lidia al tercero, un toro de embestidas cortas y a media altura, que se vino abajo cuando el madrileño le pudo. Su colocación es buena, y gracias a esto le trazó alguna que otra tanda de muletazos rematados con los de pecho. Mató de estocada. Al sexto, noblón y sin profundidad ni emoción en sus embestidas, lo toreó con ganas en un sinfín de muletazos a derecha e izquierda sin llegar, destacando la voluntad y la firmeza que le puso a su quehacer.

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