NOVENA PROVINCIA

Moción de censura inútil

 

Este martes arranca en el Congreso de los Diputados el debate de la moción de censura presentada por Vox, una iniciativa que está condenada al fracaso y que, salvo sorpresa, solo contará con el voto favorable de los diputados fieles a Santiago Abascal. Es la segunda vez que lo intenta Vox y será su segunda derrota, de manera que cabe preguntarse qué sentido tiene esto. Y la respuesta es evidente: ninguno.

Desde el punto de vista práctico, es un misterio qué es lo que ha llevado a Vox a esta decisión. En el modelo parlamentario español, las mociones de censura van acompañadas de un candidato a la Presidencia. De esa forma, no se trata solo de destruir al gobernante, sino de construir una alternativa en torno a la persona propuesta, que no tiene por qué ser un parlamentario.

Si nos guiamos por ese principio, la pregunta es obligada: ¿de verdad Vox aspira a un Gobierno presidido por Ramón Tamames? Seguramente ni los votantes del partido de ultraderecha lo desean. Porque conviene ser sinceros: Tamames tuvo su momento, pero precisamente lo tuvo cuando representó unas ideas de izquierdas que se parecen bastante poco a las de Vox. Y así como no sabemos qué lleva a Vox a este desatino, también es un misterio qué ha llevado al catedrático a subirse a este tren.

Es más, si nada lo evita, su imagen el próximo martes y miércoles va camino de dar pena, en lo que sería un colofón absolutamente innecesario para alguien con sus méritos académicos y también ideológicos.

La única opción es que Vox considere que necesita de un plus de publicidad, pero también hay que ser sinceros: ¿es que piensa que toda España va a aparcar sus labores el próximo martes y miércoles para seguir el debate? Si lo creen, es que viven en otro mundo. Más aún: un segmento importante de sus votantes le tiene alergia a los medios de comunicación convencionales, que son los que harán el seguimiento del debate, y es así precisamente porque están convencidos de que es una prensa subvencionada y comprada por el poder (cada cual es libre de autoengañarse como considere, que para algo esto es una democracia).

Con todo esto, la censura solo servirá para dar algo de aire a Pedro Sánchez. Dicho esto, haría bien el presidente en no excederse en la crítica al candidato Tamames, porque un ataque virulento lo convertiría en una víctima anciana.

Y queda el PP, cuya posición será seguramente lo único interesante de esta censura inútil.

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