Oleum de Jesús Maeso de la Torre

 

El “aromático y denso oleum de Hispania”, “Bálsamo de  Dios y óleo de los reyes” es el hilo conductor de la penúltima novela de Jesús Maeso de la Torre quien nos remite al siglo I de nuestra era con una fascinante historia. Protagonizada y narrada en primera persona por el judío Ezra ben Fazael Eleazar quien, tras sortear innumerables peripecias a lo largo de su vida, (transformado en Jasón de Séforis, esclavizado y manumitido, competente olearius en campos de la Bética en Córdoba), escribe sus memorias a instancias de su amigo el filósofo Lucio Anneo Séneca. La narración de su vida configura una trama -tan compleja como absorbente para el lector- en la que se mezclan todo tipo de comportamientos, de pasiones y de actitudes humanas: la honradez, el trabajo, el respeto a la dignidad humana, la magnanimidad y la astucia junto con la envidia, la ambición, la corrupción, el enriquecimiento ilícito o la práctica de la esclavitud.

Oleum
Jesús Maeso de la Torre
Harper Collins Ibérica. Colección Narrativa histórica. Madrid, 2020

El preciso marco histórico de la obra no impide al lector sumergirse en un mundo de ficción. De la mano del protagonista partimos de Jerusalén para llegar a Roma, centro del Imperio, y de allí a la Bética, con destino final en Corduba, tras difíciles viajes por el Mare Nostrum y con escalas en otras antiguas ciudades, para – tras numerosas dificultades y peripecias- hacer el camino de vuelta hasta Roma y de allí a su Jerusalén natal, para recalar finalmente en Alejandría. No sólo están perfectamente identificados los lugares en los que transcurre la obra: resulta asombroso constatar cómo Jesús Maeso logra introducirnos también en las costumbres, en los ritos de la época gracias al empleo de un léxico preciso; de unas minuciosas descripciones que nos sumergen en los entresijos del ámbito novelesco. Un completo glosario al final de la obra nos permite identificar perfectamente cada lugar, situación o costumbre.

A lo largo de la novela aparecen algunas personalidades de especial relieve: desde los emperadores Tiberio, Calígula y Claudio a los regidores de Judea como la familia de Herodes, Caifás, Pilatos, el profeta Jesús de Nazaret y algunos de sus discípulos, o la familia de los Séneca. Pero comprobaremos que -sin olvidar su indudable peso en la narración-, ninguno de ellos ocupa un lugar central en la obra; más bien sirven de apoyo a los auténticos protagonistas: a esos personajes -ficticios pero muy verosímiles-, bien caracterizados tanto física como moral y psicológicamente; modelos o antimodelos, con los que nos familiarizamos muy pronto. Especial interés muestran los personajes femeninos (como ocurre en otras obras de Maeso): mujeres fuertes, decididas y valientes; inteligentes y cultas, con opiniones propias, aunque conscientes de su situación dentro de un mundo patriarcal.

Gracias a la riqueza, a la belleza de su lengua literaria, de los recursos estilísticos que utiliza en su novela, Maeso de la Torre nos envuelve en un mundo mágico en el que prevalecen los sentidos (destacaría entre ellos la intensidad de las sensaciones olfativas), pero también nos conduce por diversos tipos de pasiones y de comportamientos humanos que dan vida –y vitalidad- a estos personajes que reflejan con tanta perfección la época en que se desarrolla la obra… pero que a menudo nos resultan –para bien y para mal- sospechosamente coetáneos.

Esta novela –más allá de su calidad estética- es una historia de supervivencia, de aprendizaje, de mirada al futuro, de aceptación del destino. Magnífica lección de creatividad literaria, sí, pero también de vida.

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