SOBRE NUESTRA VIDA

Prejuicios y otros males

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¡Qué fácil es juzgar! Rápidamente emitimos prejuicios en vez de escuchar, informarse y tomarse tiempo para asimilar la información o las historias de acontecimientos o personas.

Lo que rara vez ocurre es que las personas se miren a si mismas, miren hacia dentro y se abran a algo nuevo, cuando surgen esos pensamientos prejuiciosos.

En efecto, es más fácil juzgar y arremeter con palabras despectivas.

Siempre he criticado duramente este tipo de juicios. No me gustan esos juicios sin fundamento, y así resulta que yo misma juzgo a veces precipitadamente a las personas que emiten juicios precipitados.

–Esta gente es estúpida, simplista, irreflexiva, etc., etc.

Últimamente voy descubriendo, no obstante, cuán enriquecedor es escuchar, especialmente cuando yo desde mi propia impulsividad siento rechazo.

Ya sea en lo privado o en lo profesional, hay una especie de fórmula que utilizo para alquimizar mis propios juicios: cuando noto que algo me crispa por dentro o me emociono mucho con un tema o un comportamiento de una persona, es cuando sé que el asunto no va del tema o de la otra persona. Sé en ese momento que hay algo dentro de mí que me pesa, que tiene que salir. En todo caso, siempre apunta a que hay algo que aprender.

Siguiente punto: la disposición de aprender de las cosas es, sin duda, uno de los mejores remedios contra los prejuicios. No obstante, en este caso también aplico la regla: el mero hecho de CONVENCERSE de que estás abierto a aprender, no significa que realmente sea así.

Si te cierras con vehemencia ante ciertas cosas con esas frases típicas como –de eso huyo, no quiero saber nada–, entonces no estás siempre abierto a cosas nuevas y, por tanto, no estás dispuesto a aprender.

No me entiendan mal: me refiero a prejuicios generalizados, reacciones cargadas de emociones ante cosas de las que a menudo sólo se ha “oído hablar” o con las que alguna vez se han tenido “malas experiencias”.

Muy pocas veces me encuentro con personas que tengan argumentos fundados, o sea, que muestren que hayan investigado a fondo el tema en cuestión.

La regla de la “emocionalización” es aplicable a todo. Si algo – un tema o el comportamiento de una persona – te repugna, te provoca una fuerte sensación emocional de rechazo, el “problema” principal está dentro, no fuera.

En cambio, si puedes debatir y expresar tu opinión crítica sobre el tema de de forma neutral, es más probable que los argumentos sean coherentes y razonados, y sobre todo, no tengan relación con tu mundo interior. También es más probable que con esos argumentos críticos no te impidas la posibilidad de aprender algo nuevo.

Ser abierto a las cosas no es fácil, ya que muchas barreas mentales se esconden dentro de nuestro propio mundo interior.

Es el cuerpo quien reacciona cuando, con toda la buena voluntad de cambiar, queremos abrirnos a cosas nuevas. De manera inconsciente, el cuerpo puede expresar un fuerte rechazo hacia esos cambios que queremos introducir.

Nuestro cuerpo, de alguna manera es un detector del estado emocional interno real, sincero, sin tapujos. Eso quiere decir, por lo tanto: mentirse a si mismo provoca a menudo (o casi siempre) malestar corporal. Ansiedad y dolor físico son guías para nuestra alma. ‘Escúchame’, parece querer decir nuestro cuerpo emocional.

No obstante, la escucha del cuerpo emocional es una tarea dura, difícil e inevitablemente dolorosa. Entonces, a veces es más fácil desahogarse y culpar a los demás de nuestros achaques.

Sin embargo, a la larga eso no te lleva a ninguna parte. O digamos: si quieres aprender algo nuevo en la vida, en algún momento debes tener el valor de permitirte el derrumbe de los pilares mentales y los muros emocionales que has levantado. Detrás del escudo protector, la vida es quizás menos dolorosa, pero tanto más solitaria.

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