MONTE DE LA TORRE

Renunciando a subsidios de amor

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San Valentín, a vos, santo protector de enamorados que bien entiende de amor dirijo esta epístola. Le envío la misma para decirle que yo, un corazón en paro por culpa de que fui engañado sentimentalmente por un tahúr del amor, renuncio a que me conceda subsidio alguno por desamor.

Lo que si deseo es que en este año me conceda un puesto laboral amoroso digno. No pido que en la oficina suya me otorguen migajas amorosas que duran poco y ocasionan más pobreza sentimental, pues cuando se consumen esas dádivas queda el corazón más herido.

Ruego que esta vez sea una plaza de amor estable y fija, ya estoy cansado de ser sustituto . Llevo años y años opositando a obtener un puesto fijo amoroso y siempre, por una u otra cosa, alegan algo para despedirme o soy yo, quien, al ser defraudado, solicita le den de baja y sin llevar otro finiquito que el gran dolor que supone verse desilusionado.

San Valentín, no quiero seguir engrosando las listas de fracasad@s en la actividad laboral, pues me considero con méritos para tener de por vida ese puesto que tan necesario es para gozar de una estabilidad en la vida.

Ruego encarecidamente nos soluciones este problema a los corazones en paro sentimental y que, tanto yo, como el que en esa situación se encuentre le sea otorgada esa actividad que tan imprescindible nos es.

Nada de pobres subsidios amorosos que lo que hacen es desestabilizar más a los corazones.

Con todo mi respeto espero sepa comprender mi petición.
Un corazón inactivo sentimentalmente.

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Opinión Pepe Pol

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