MONTE DE LA TORRE

Secreto al descubierto

 

Juanito era diecisiete años menor que su hermana Charo. Fue creciendo aquel niño jugando con los de su edad. Su madre y la hija adoraban al niño. Pasaron los años, ya Juanito era un mozo que superaba la treintena de años. De repente se puso muy enferma su madre, tan grave estaba la mujer que, siendo consciente de que su fin estaba próximo, después de serle administrados los santos óleos, una vez que marchó el sacerdote y que solamente en el dormitorio quedaban Charo y Juanito, ambos hijos compungidos al lado de la cama y embargados de la tristeza que supone saber que un ser querido se va, la mujer mirándoles con tristeza dijo:

– “Charo, hija mía, me quedan pocos instantes de vida, por eso, cariño, no me puedo ir siguiendo engañando a Juanito.”

El joven exclamó:

¡” Madre, no digas eso, siempre me has contado la verdad.”!

La mujer con enfado, pese a su voz tenue y apagada, dijo:

– “No me llames madre, pues no lo soy, aunque me he comportado como tal.”

El chico mirándola dice:

-“! ¡No puedo creerme que no seas mi progenitora”!
Ella, volviendo a insistir y mirando ahora fijamente a Charo responde:

– “Amor, ni yo te he traído al mundo ni Charo es tu hermana.”

El joven se iba a volver loco, pues estaba sorprendido y anonadado. Solo esperaba que a la que llamaba madre lo aclarara. La señora, señalando para su hija, le dijo:

– “Juanito, ella es tu madre”

Luego siguió explicando:

– “Charo, perdona hija, pero no puedo morir tranquila sabiendo que Juanito queda engañado. Mira, nieto mío, pues eso es lo que eres, mi adorado nieto, cuando a la que llamas tu hermana tenía dieciséis años quedó embarazada y ni ella sabía de quien. Entonces como disponíamos de medios marchamos al extranjero, por eso en tu documento de identidad dice nacido en Bristol. Cuando pasaron tres o cuatro años regresamos y a todos nuestros vecinos les hicimos ver que tu madre era yo para proteger la reputación de Charo y que encontrara un joven con el que desposarse como así sería. Tú lo que no tienes es padre y siempre creíste que era tu abuelo. El pobre falleció enterrando con él la verdad, pero yo, por el bien de todos , quiero que ante los ojos sociales sigáis como hermanos pero dentro del hogar sois hijo y madre.”

Charo lloraba pidiendo perdones a su madre y a Juanito quien, mirando a su abuela, dijo:

– “No me importa el parentesco, tú has sido abuela y madre y Charo mi hermana y madre. Gracias por romper la mentira en que vivía pero, a quien culpo de todo es al hombre cobarde que me trajo a la vida y no supo dar la cara y decir que afrontaba las consecuencias que supone la paternidad.”

Murió la señora y al poco tiempo aquellos hermanos marcharon de aquel pueblo para instalarse en otro lugar lejos y vivir como eran, madre e hijo.
Moraleja:

Nunca ocultemos la verdad al niño, pues con ello le privamos de que en su infancia viva con plenitud la realidad, ni tampoco hagamos víctima a los pequeños por el miedo al qué dirán social.

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