Tú no tienes derecho a vivir

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Desengáñate, tú no tienes derecho a vivir.  Pero no es que te lo acaben de quitar, es que nunca lo has tenido.  Pero ni tú, ni nadie, porque el derecho a la vida en ningún caso es el derecho más importante ni fundamental de los seres humanos, por mucho que lo digan el Artículo 3 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el Artículo 15 de la Constitución Española.  Algunos dirán, “pero Rafa, ¿cómo puedes decir eso? ¡Todos tenemos derecho a la vida!”.   Tendrán parte de razón, al menos en teoría, pero el derecho a la vida es un derecho muy difícil de ejercer no sólo en el mundo, sino también en España, por la sencilla razón de que hay derechos que tienen más peso que tu derecho a vivir, aunque parezca una locura.  Y si hablamos ya no solo de vivir, sino de vivir una vida digna, apaga y vámonos.

El derecho más importante de las personas no es el derecho a vivir, sino el derecho a poseer.  La propiedad privada está por encima de la vida, las cosas valen más que la vida de las personas, sobre todo cuando se trata de comparar “nuestras” posesiones con la vida de “otros”.  Lo vemos a diario en todas partes: en el cine, en la televisión, en los periódicos… cada vez hay más gente reclamando su derecho a la propiedad privada, pasando como un rodillo por encima de lo que sea, incluso de la vida de los demás.  Veamos un ejemplo.  Quienes defienden el uso generalizado de armas de fuego para defender su propiedad o para impedir un robo, están dando más valor a un objeto material que a la vida de una persona.  Piensan que el derecho a poseer está por encima del derecho del otro a vivir y existen países que incluso legislan en ese sentido, como Estados Unidos o (más recientemente) Italia.  Se podría argumentar que se está actuando en legítima defensa, pero… ¿En defensa de qué? ¿De tu propia vida o de tus posesiones? Son cosas bien distintas y los límites no siempre están claros.

Pero ahí no acaba la cosa, hay ejemplos más sangrantes. En la mayoría de los países no existe una sanidad pública universal.  Eso quiere decir que, si caes enfermo, tienes que pagar para recibir un tratamiento, ya sea a través de una póliza de seguros (pagas por adelantado) o a factura limpia.  Y si no tienes suficiente dinero, no recibes el tratamiento por lo que podrías llegar a fallecer en los casos más graves.  Tu derecho a vivir está siendo superado por el derecho de otro a cobrarte por un servicio médico.  De nuevo, la posesión prevalece sobre la vida porque de no ser así, algún poder superior haría que el tratamiento fuese obligatorio, se pagase o no.  Afortunadamente en España todavía tenemos una sanidad bastante buena, aunque aún existen 50 medicamentos que, por su elevado precio, nuestro sistema sanitario no financia por falta de recursos. ¿Qué hacemos, elevamos los impuestos a quienes más tienen para financiar los tratamientos de los que menos tienen? No, dirán algunos, porque el derecho de unos a disfrutar de sus posesiones está por encima del derecho de otros a vivir.

Hay casos incluso más flagrantes, si cabe.  Según la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente un 8% de la población mundial pasa hambre y casi 3 millones de niños mueren de hambre en el mundo cada año.  Mientras tanto, hay personas (y empresas, y gobiernos) que nadan en la abundancia atesorando tanto dinero que no saben en qué gastarlo.  De nuevo, el derecho a poseer (en este caso, dinero) está por encima del derecho de esos niños a vivir, porque si no fuera así, alguien, en alguna parte, estaría obligando a que se pusiera en práctica una justa redistribución de la riqueza para evitar la inanición.  Pero no ocurre, porque la vida del otro vale menos que nuestro dinero.  Algunos dirán que quien tiene mucho dinero es porque se lo merece pero, ¿se merecen esos 3 millones de niños morir de hambre?  Ningún niño es tan malo que se merezca morir de hambre y ningún adulto es tan bueno que se merezca nadar en dinero.  La imagen del Tío Gilito dándose un chapuzón en su piscina de áureos dólares mientras su propio sobrino (Donald) vivía con lo justo se quedaba corta para lo que ocurre en el mundo real.

Así que, aunque sea difícil de decir y aún más difícil de encajar, tú no tienes derecho a vivir si ello está condicionado a que otra persona tenga que pagar.  A menos que se empiece a legislar para que las personas sean más importantes que las cosas.  Y en esas estamos.

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