
Durante el acto, el autor desglosó los detalles de esta pieza de técnica mixta (acrílico, óleo y pan de oro) sobre tabla, que destaca por sus dimensiones de 1 metro por 50 centímetros y una composición que buscaba reflejar “alegría —reflejada en la viveza de sus colores—, así como simbolismo e iconografía”.
El artista explicó minuciosamente cada elemento de la obra, comenzando por el fondo de un “intenso color azul” que se desvanece hacia los bordes para dar paso a un aro en pan de oro. Según Rivera, este componente no solo simboliza la divinidad y la pureza de la Virgen, sino que “hace referencia a uno de los días en los que más reluce el sol en el calendario litúrgico: el Corpus Christi”. Además, precisó que el tono azulado suponía “un guiño al color de su manto”.
En el plano central, la imagen de la Virgen aparece ataviada con una mantilla clara, portando en una de sus manos la custodia. El autor señaló que la posición de la otra mano sobre el pecho servía para indicar “que en esa custodia se encuentra el Cuerpo de Cristo”. La integración de la imagen con la fisonomía de la propia parroquia en la parte inferior pretendía transmitir que la titular no solo custodia la Sagrada Forma, sino que también busca “proteger y acompañar a su parroquia y a sus feligreses”.
Como detalle final, Rivera subrayó la inclusión en la esquina inferior derecha de un cáliz y un racimo de uvas. Este elemento fue definido por el pintor como un “guiño simbólico” en clara alusión al Cristo de la Santa Cena, imagen que está prevista que forme parte del patrimonio de la parroquia en el futuro.
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