Rafael Fenoy Rico | Secretario de Comunicación Educación de la Confederación General del Trabajo (CGT)
Juventud ¡divino tesoro! Y es ciertamente cierto que lo es, ya que el gran, el enorme, el inmenso patrimonio, y casi único, para millones de seres humanos es su tiempo de vida. La juventud pasa algo más rápido que la niñez, pero no lo bastante como para que en esa etapa de sus vidas no hagan cuentas de su tiempo vital y, situándose en un futuro no muy lejano por cierto, perciban con suficiente perspectiva la necesidad de organizarse una forma de existir socialmente considerada en la etapa adulta.
Las hormonas juegan, en esto como en casi todas las actividades humanas, un papel primordial, ya que nuestra especie tiene vocación de permanencia, de supervivencia, y nuestros genes activan en momentos estelares, como son los de la juventud, las energías precisas para comenzar la procreación. En el caso de nuestra especie se activa la búsqueda de pareja, por atracción sexual, social o incluso cultural, para comenzar el proceso que la especie requiere y reponer mediante nacimientos las muertes inevitables de quienes muy a su pesar nos abandonan. En este momento transcendente, cuando mayor actividad desarrolla nuestro organismo en torno a este noble objetivo, es cuando la actual generación de personas jóvenes, se encuentran en una encrucijada que no parece llevar a ninguna parte.
Hace bastantes años se viene comentando la existencia de numerosos colectivos de gentes jóvenes que ni estudian ni trabajan. Los ya tristemente famosos NI-NIs. En este conjunto se encuentran diversos colectivos que efectivamente a fuerza de no querer hacer nada y vivir “del cuento” ni se forman para encontrar trabajo y ni lo buscan siquiera. Pero además de este, llamémosle colectivo que no da un palo al agua, hay otro que se encuentra en una activa búsqueda de trabajo y que posee una formación más que suficiente. Estas personas serían los SI-SIs.
La inmensa mayoría de estas personas han terminado, bastantes con brillantes expedientes académicos, bien estudios universitarios o de formación profesional. Llevan casi todas ellas años de contratos en prácticas, de becarias, en diferentes empresas que los utilizan a sabiendas que no consolidaran en ellas el puesto de trabajo anhelado. Y se encuentran abocadas a tener que elegir entre más formación o el paro. Una buena parte de las empresas de este país se han acostumbrado a la “becaría”, que les permite tener mano de obra, en muchas ocasiones altamente preparada, sin ni siquiera pagar un salario y con una modalidad de contrato que tampoco supone cotizar a la seguridad social. Años y años de becarse hacen de estas personas las víctimas de un sistema ideado para que se produzca uno de los fraudes a mayor escala en el tema de la contratación. Y ¡no se sonrían!, totalmente legal. Legalmente estas personas becarias dejan de tener presente y por supuesto futuro, cuando las condiciones de la beca se acaban, y es ahí donde deben decidir seguir estudiando, no tanto porque interese el nuevo conocimiento que se adquiere, sino por el hecho de al estar estudiando pueden ser becarias y de esta forma, ser de nuevo subcontratadas por las empresas que se ofrecen a universidades y centros de formación a acogerlas.
Un asunto feo donde los haya, porque estas personas SI-SIs están dispuestas a formarse y a trabajar, pero ¡claro!, esperan; algún empresario piensa que esperan mucho; que se les haga un contrato en condiciones y comiencen a cotizar para que algún lejano día pudieran tener derecho a la percepción de una pensión de jubilación, por ejemplo; o a poder pagar el alquiler de una vivienda para emanciparse de la vida hogareña con sus madres y padres. Porque de otro modo ¿Cuándo van a poder formar una familia? Los SI-Sis además están viniendo de vuelta de los cantos de sirena de ¡vente a Alemania Pepe!, y cuentan, y no paran, que de uno que algo pilla (de trabajo se entiende) otro cuantos, con altas cualificaciones, trabajan sirviendo copas o fregando platos y en condiciones leoninas. Estos trabajos dignos donde los haya, no requieren la formación especializada que estas personas poseen y que de paso ha costado un ¡ojo de la cara!, a la hacienda pública española que es quien corre con los gastos del sistema educativo. En definitiva si quienes deben organizar políticamente la economía no son capaces de generar empleo para estas personas SI-Sis, ¿por qué se obstinan en formarlas? ¡Valiente perdida de dineros! Y si no saben como hacerlo, que se vayan y dejen que otras personas den con la tecla para que al menos los SI-Sis puedan tener un presente digno para un futuro con esperanza.
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