En la anterior entrada de nuestro cuaderno de bitácora particular pudimos ver cómo la unión de la gente de Marinaleda consiguió acabar con el desempleo estructural a través de la colectivización de la tierra. Pero el viaje no acabó ahí, más bien fue el punto de partida para una serie de cambios sociales que no habían hecho más que empezar. Resuelto el problema del paro, con jóvenes retornando el exilio económico y con nuevas familias formándose, decidieron acometer el siguiente paso lógico y dar respuesta a la pregunta: ¿dónde vivirá toda esta gente?

Conscientes de que la vivienda no puede estar sujeta a los vaivenes del mercado y de que el derecho a vivir bajo un techo digno está recogido en nuestra constitución, la senda estaba clara. Había que construir viviendas desde los poderes públicos para ofrecerlas a los vecinos y vecinas de Marinaleda a precios asumibles, en base a los ingresos que proporcionaban los jornales. Se ideó una hoja de ruta que consistía en captar subvenciones del gobierno autonómico para adquirir terrenos (o expropiarlos) y realizar el proyecto de construcción, a la vez que se adquirían materiales para la obra y se contrataba a personal cualificado. Hasta ahí puede sorprender, pero lo radicalmente transformador vino después… la AUTOCONSTRUCCIÓN.
Los demandantes de viviendas se apuntaban en una lista y se iban adjudicando en función de la necesidad. Las familias más numerosas iban primero. Luego, cada familia debería aportar a la construcción 450 jornales. O sea, alguien de la familia debía trabajar como peón en la obra durante 450 días, era el pueblo quien ponía, mayoritariamente, su fuerza de trabajo para sacar adelante la construcción de las viviendas. Así, con mano de obra del pueblo y financiación pública (dinero también proveniente del pueblo) se construían casas para que viviera el pueblo. La lógica es tan aplastante como abrumadora. Una vez finalizada la obra, se sortean las casas entre los adjudicatarios y se podía entrar a vivir, pagando una mensualidad de 15€ a perpetuidad, algo simbólico. A años luz de cualquier hipoteca o alquiler en cualquier otro lugar de nuestra amada piel de toro.
Las casas son muy dignas, yo las he visto con mis propios ojos. Son chalets adosados de tres dormitorios, con dos plantas, azotea, dos terrazas y un patio de 100 metros cuadrados. No hay lujos, pero son perfectamente aptas para vivir de manera normal. Eso sí, las casas son para vivir en ellas, no para hacer negocio. Los adjudicatarios no tienen permitido venderlas ni alquilarlas de ninguna forma, pero mientras la familia viva en ella, nadie se la puede quitar. Es más, los hijos pueden heredar el uso de la vivienda, siempre que tampoco la vendan o alquilen. ¡Casas para vivir, toda una locura! De esa manera, ya hay unas 600 personas de Marinaleda viviendo en lo que han venido a llamar “las casitas”, que son 350. De un pueblo de 2700 habitantes, representa un porcentaje bastante elevado, cercano a la cuarta parte de los habitantes de hecho.
¿Significa esto que el problema de la vivienda se ha resuelto completamente en Marinaleda? No del todo, pues aún hay algunas personas pendientes de que se le adjudique una vivienda. El gobierno autonómico, con el “Partido Popular” a los mandos, ha cortado el acceso a subvenciones para que el ayuntamiento promueva casas populares, por lo que la adquisición de terrenos está, de momento, en suspenso. Pero está claro que ha supuesto un balón de oxígeno para 600 personas que, de otra manera, o no podrían vivir en su tierra natal o hubieran tenido que hipotecarse y pagar, sin duda alguna, cuarenta veces más que los 15€ que abonan en la actualidad. Una pesada lápida con la que lastrar las espaldas familiares durante décadas.
Sin embargo, en nuestra Villa, la situación es bien distinta. Si obviamos el hecho de que la vivienda nueva es prácticamente inexistente (se limita a un par de construcciones en la actualidad), la adquisición de una vivienda de similares características a las “casitas” de Marinaleda ronda los 200.000€. Traducido a cómodos plazos, supondría unos 750€ al mes, y eso aportando unos 60.000€ a tocateja para la entrada y otros gastos como notaría, registro e impuestos. La distancia es abismal y no querer verla supondría estar ciego o tratar de defender lo indefendible.
Según lleva años anunciando el equipo de gobierno de Los Barrios (compuesto por mi amigo Miguel al frente del 100×100 y otros “compañeros” del PP), están por construirse varias promociones con un total de 841 viviendas de nueva construcción, de las que 339 serán de protección oficial. ¡Hombre, vivienda protegida, parece que nos vamos acercando a Marinaleda en algo! Sin embargo, la alegría duró poco, pues la estimación es que el coste de esas casas de protección oficial rondará los 160.000€. Sí, son 40.000€ menos que en el mercado libre, pero aún así, para una familia barreña supondría dar una entrada de 32.000€ y asumir una cuota superior a los 650€ mensuales durante 25 años. En la práctica, para asumir ese gasto con comodidad, la familia debe ingresar unos 2700€ mensuales. ¿Cuánto ganas tú? Miguel también ha anunciado que va a construir 16 viviendas sociales para familias vulnerables. Si es así, bien por Miguel, pero la realidad es que todavía es una promesa que está por ver si se cumple, igual que la apertura de la piscina de verano.
La diferencia de pagar 15€ en Marinaleda o 650€ en Los Barrios salta a la vista y no necesita más explicación. Aunque en realidad sí… Baste aclarar que en Marinaleda gobierna gente que es muy de izquierdas y en Los Barrios tenemos un gobierno de derechas. Juzguen ustedes, no yo.
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