En sus diálogos Timeo y Critón, el filósofo griego Platón (s. IV a. C.) se hace eco de una tradición oral con varios milenios de antigüedad: la existencia de la Atlántida, una gran isla situada “más allá de las Columnas de Hércules”, pródiga en recursos naturales generadores de grandes riquezas y gobernada por un conjunto de reyes pertenecientes a la estirpe del dios Poseidón: unos reyes que, basados en leyes que promovían la defensa de la justicia -entre otros valores humanos-, se apoyaban entre ellos. Hasta que la prepotencia y la ambición hicieron mella en algunos que decidieron invadir y apropiarse de tierras colindantes a las suyas, por lo que los dioses decidieron castigar este comportamiento. Un fortísimo terremoto provocó una gran inundación que hizo desaparecer la isla y sus habitantes, sin que fuera posible hallar rastro alguno de ella.

Historia de un sueño
Cádiz, Publicaciones de la Diputación, 2026
¿Existencia real, mito, leyenda…? Desde la Antigüedad clásica hasta la actualidad numerosos historiadores, científicos y arqueólogos han establecido diferentes hipótesis sobre la posible ubicación, características de la civilización e incluso indicios de la isla sumergida; también ha sido objeto de diversas manifestaciones artísticas, sobre todo poemas, novelas, cine, composiciones musicales…
A Gema Alba Jover las leyendas y los mitos la acompañaron desde su infancia gracias a las narraciones de su madre. No es extraño, pues, que esta circunstancia quede reflejada en ésta su primera novela, Historia de un sueño, cuyo desarrollo transcurre precisamente en esa isla desaparecida. Una novela breve narrada en primera persona por una joven princesa, Evadne, sobrina del rey de la Atlántida que, a instancias de su tío, acude a la isla para elegir a uno de sus primos como esposo con el fin de fortalecer las relaciones entre los distintos reinos que la integran. Poco a poco irá observando las diferentes actitudes y comportamientos de sus candidatos. Su elección recaerá sobre el que ha despertado en ella una irreprimible pasión, pese a desagradarle su vanidad y su talante posesivo. Una vez desposada y sin que pueda dar marcha atrás en su decisión, comprueba cómo sus peores presentimientos se van confirmando; su pesar aumenta al constatar el amor que siente -y que es correspondido- por otro de sus primos, un amor imposible cuyas actitudes son muy diferentes a la de su esposo.
El sufrimiento de Evadne va en aumento con el paso del tiempo: sometida a continuas humillaciones e infidelidades por parte de quien ella misma eligió, comprueba además cómo se ve envuelto en luchas fratricidas para hacerse con el poder de la Atlántida. Aterrada por las amenazas de su marido, por las insidias que ha tejido en torno a ella y sin posibilidad de unirse al hombre al que verdaderamente ama, Evadne, acusada de un crimen que no cometió, es condenada al destierro. Pero, en medio de su devastación, llega a una conclusión que transformará radicalmente su futuro: “Primero, debía aprender a amarme a mí misma”. Los desprecios de su esposo la transforman en un ser fuerte: “me prometí que la nueva Evadne no consentiría que la pisotearan de nuevo”.
Como cuenta la tradición (y se recoge en esta novela), la Atlántida -la isla, sus habitantes- desapareció sin que haya quedado vestigio de ella. Es justo el camino opuesto que sigue Evadne tras la pesadilla vivida en esa legendaria isla: tras incontables padecimientos, es capaz de renacer de sus propias cenizas y emprender nuevamente el vuelo. Las anécdotas, los personajes y episodios que narra Gema Alba Jover por boca de Evadne los dejo para que los lectores puedan recrearse en las intrigas que plantea esta novela, situada en una antigüedad tan remota en el tiempo como, por desgracia, tan viva en nuestro presente. Por eso me quedo con este mensaje de esperanza que formula Evadne al final del relato: “Si como yo encontraste un cobarde que hizo tu mundo trizas y ahora te ves perdida, no temas. En algún momento renacerás y volverás a ser quien fuiste, pero más fuerte”.
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