MENUDENCIAS BARREÑAS

Calles de nombre religioso

Sabiendo lo que la ermita e Iglesia de San Isidro supusieron para el nacimiento de la nueva población de Los Barrios, se entiende el predominio religioso al nombrar sus primeras calles.

Calle Rosario

En la nueva población de Los Barrios no me consta nombres de calles hasta mediados del siglo XVIII. Así en el pleito del conde de Luque contra los primeros pobladores barreños encuentro el nombre de varias calles locales en los barrios de la Alcaria y Altozano, pero ahí faltan las referencias de calles en el barrio de la Iglesia que fueron las primeras trazadas.

El propio García de Ariño cofundador de la ermita autorizó construir viviendas alrededor de la ermita a sus convecinos huidos de Gibraltar y les permitió cortar aquellos acebuches que estorbaban e incluso dispuso el trazado de algunas calles. Sin embargo todavía se desconoce cuando comenzaron a tener nombre fijos esas primeras calles de Los Barrios.

El obispo de Cádiz Lorenzo Armengual de la Mota visitó Los Barrios en 1717 y ordenó realizar procesiones de letanía por aquellas calles donde se hacía la procesión del Rosario, pero tampoco identificó ningún nombre de tales calles, aunque es comprensible que una de esas primeras calzadas fuese la que luego se denominó calle del Rosario.

El itinerario de aquellas procesiones aludidas por el obispo Armengual, sin duda añadiría a esa calle Rosario la contigua calle Palma, en alusión a las palmas procesionadas el Domingo de Ramos. Es curioso además que en la calle Rosario aún se conservan en las esquinas de un par de edificios pequeñas crucecitas talladas en piedra, que según la tradición local evocaban las estaciones de penitencias del Vía Crucis.

Una de esa crucecitas de piedra se encuentra en un borde de la casa Urrutia, recuperada cuando se restauró el edificio adquirido por el Ayuntamiento y que ahora indebidamente se ha pintado de blanco, casi ocultándola. La otra está en la esquina de la misma calle Rosario con la calle de la Merced (no Mercedes), cuyos recientes propietarios han respetado ese modesto testimonio urbano o reliquia arquitectónica de nuestro pasado histórico repintada de verde.

La inmediata calle Santísimo haría referencia al Santísimo Sacramento de la Eucaristía, que tan devoto fueron los chantres Bartolomé de Escoto y Juan Felipe García de Ariño, bajo cuya advocación existía una potente hermandad o cofradía local, la del Santísimo.

La plaza donde se ubicaba la ermita en la que confluía la anterior calle Santísimo no podía tener nombre más forzoso que plaza (de la Ermita) o de San Isidro, conocida en mi infancia como plaza Chica (y plaza del Pósito o de los Arcos), para diferenciarla de la plaza Mayor.

Con poca originalidad y redundante denominación se nombra luego la calle de San Isidro que salía de la plaza homónima del santo labrador para seguir el camino de Cádiz, que luego en el Palmarillo se uniría con la cañada real de Medina Sidonia a Gibraltar (o a San Roque).

Otra salida desde dicha plaza de San Isidro sería la calle Calvario que se dirigía hacia el Calvario Viejo, junto a las Perinolas, de obligada presencia religiosa en la ceremonias de Semana Santa, que más tarde se sustituyó por unos pilares algo más alejados cerca del Palmarillo, denominados las Tres Marías según la devoción popular de la época.

La calle Mercedes (mejor de la Merced), próxima a la plaza de San Isidro, que también se une a calle Rosario, debería su nombre a la presencia de los frailes mercedarios descalzos del convento de la Almoraima, a cuya congregación de la Merced pertenecía fray Francisco de la Concepción, sobrino del presbítero Martín Muñoz Lozano y su hermana María Gabriela de la que fue administrador tras la muerte de aquél, pues ambos vivían en la casa de los Arcos.

También los frailes carmelitas descalzos del convento del Cuervo, rivales locales de tales mercedarios, tenían casa propia en Los Barrios (1745) que más tarde sería derribada por el destacado político progresista José González de la Vega para construir en el siglo XIX su vivienda principal de balconada corrida en la actual calle de los Francos. A pesar del declive desamortizador de tales frailes carmelitas, su destacada presencia local también quedaría en el nombre de dos calles, la del Carmen y quizá Prior, que haría mención al responsable de ellos.

Hace años divulgué que la calle Santísima Trinidad y calle Jesús María y José, laterales a la nueva Iglesia, debían su nombre a sendas capillas parroquiales autorizadas por el obispo de Cádiz Tomás del Valle (1755). La primera al regidor perpetuo Juan de los Santos Izquierdo devoto de la Santísima Trinidad y del Nazareno (actual capilla de la Virgen de los Dolores). La segunda a Martín Muñoz Lozano, mecenas del nuevo templo y gran devoto de la Sagrada Familia con advocación de Jesús, María y José (actual capilla de la Virgen del Carmen).

La calle Perdón ascendía a la Punta del Diamante, convertida en plaza de la Cruz destinada a humilladero o expiación pecado con el párroco Pedro de Rosas Plasencia que antes fue comisario de la Inquisición en Gibraltar y como tal tuvo alguna actuación en Los Barrios. El nombre de la próxima calle de Santa Ana me despierta ciertas dudas, pues podría deberse a Ana María de Manzanares la prima de Juan Felipe y coheredera del cortijo de Tinoco muerta en Los Barrios (1708).

Para concluir los nombres religiosos de las primeras calles barreñas queda citar la calle Soledad, en clara alusión a una importante cofradía o hermandad religiosa local del siglo XVIII bajo tal advocación. A otra cofradía, la de Ánimas, si no recuerdo mal, se debería el nombre callejero que oí alguna vez en mi niñez de las Ánimas para el actual patio del Horno o tal vez la calle Consuelo, nombre que no le encuentro vinculación con advocación religiosa local, pues ningún inventario ni documento parroquial cita a una Virgen de Consuelo.

En otra menudencia me ocuparé de los nombres laicos de las restantes calles barreñas.

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