EN ROJO Y NEGRO

Carta a Fabian Picardo a propósito del discurso en la ONU sobre la propiedad de Gibraltar

 

Recientemente usted ha pronunciado un discurso ante el Comité de los 24 de las Naciones Unidas, que preside Menissa Rambally, en el que ha defendido y reclamado la propiedad de Gibraltar para la población que habita la Roca.

Es comprensible que manifieste el deseo de que las personas que viven en Gibraltar adquieran el estatus de nacionales de Gibraltar como estado independiente. Y ello sin duda porque está convencido de que las ventajas económicas serían mucho mayores de las que actualmente disfrutan. Ha dejado claro que no se siente británico, sino gibraltareño.

El análisis del discurso que usted pronunció permite aclarar algunos aspectos de su reclamación en representación de la población que vive en Gibraltar.

La primera afirmación dice: «Porque los principios jurídicos internacionales que rigen nuestra descolonización no han cambiado. Y nosotros tampoco».

Se sienten colonia, ¿de quién? Para que un pueblo se sienta colonizado, primero debe existir como pueblo y la potencia colonizadora debe ejercer control sobre el mismo. ¿Qué potencia determina las leyes y el estatus de Gibraltar? Usted se pregunta: “¿Qué se opone a todos nuestros argumentos jurídicos irrefutables?”. Usted sabe que precisamente fundamentos jurídicos no existen, porque el Tratado de Utrecht es meridianamente claro dejando por sentado que la soberanía española es reconocida por la Corona británica, aceptando de esta el usufructo a perpetuidad de la parte del territorio cedida (no de toda la Roca, ni tan siquiera del istmo de La Línea de la Concepción, ocupado ilegalmente por el Reino Unido).

Y se contesta usted afirmando que a sus pretensiones independentistas se opone: «Nada más que resoluciones de la década de 1960. Resoluciones obtenidas por un dictador asesino cuyo legado la España democrática ha dejado atrás con razón».

Olvida deliberadamente los fundamentos jurídicos del Tratado de Utrecht, del que no quiere usted ni hablar, y afirma que «el pueblo de Gibraltar ha hablado», citando las consultas autorizadas por Londres: «En 1967, el noventa y nueve por ciento de nosotros optó por no pasar a estar bajo la soberanía española. En 2002, el noventa y nueve por ciento de nosotros rechazó la soberanía compartida con España».

Y efectivamente, Londres no le permitió a la población que vive en Gibraltar manifestar sus deseos de independencia, sino su rechazo a que en su día, por decisión del Reino Unido, ese territorio volviera a estar bajo soberanía española. La población que vive en Gibraltar nunca ha podido —porque para eso está Londres— reclamar la independencia.

Conviene concretar que España no reclama una soberanía sobre Gibraltar porque es territorio español cedido a la Corona del Reino Unido por un tratado internacional firmado en Utrecht. España tiene clara conciencia de que, mientras el Reino Unido desee ejercer el dominio cedido en Gibraltar, está en su derecho a hacerlo. España y el Reino Unido no mantienen contencioso alguno sobre el derecho del Reino Unido a gobernar Gibraltar y a las gentes que la habitan. ¿Por qué tanta diatriba con España?

Usted sabe que la potencia administradora, como bien señala en su discurso, no es España, sino el Reino Unido. Cuando usted afirma que «el derecho de autodeterminación es el principio rector de la descolonización» y que «exige la expresión libre y auténtica de la voluntad del pueblo interesado», sabe que Gibraltar no es una colonia, sino un territorio español cedido al Reino Unido. También sabe que la ONU lo tiene meridianamente claro. Le facilito un enlace con los documentos de esa organización internacional que estoy seguro de que conoce: https://revistas.uca.es/index.php/cdg/article/view/11773/12451

Las personas que viven en Gibraltar, al igual que el resto de quienes habitan esta magnífica Bahía de Algeciras, desean prosperidad. Y si la soberanía sobre la Roca no está en litigio, es mucho más edificante apoyarse para compartir esa prosperidad anunciada. En un mundo globalizado donde las grandes corporaciones financieras y empresariales marcan el rumbo de los acontecimientos, cada vez tiene menos sentido hablar de «independentismos».

En su discurso hace una referencia a que «se eliminó un telón de acero corto, pero no menos cruel, que el general Franco había levantado para dividir a familias y amigos». Usted sabe que eso que denomina telón de acero lo levantó el Reino Unido apoderándose a la fuerza del istmo de La Línea de Gibraltar. Y esto queda claramente de manifiesto cuando usted mismo dice a renglón seguido: «Hemos retirado el alambre de espino y la valla de malla metálica». Es comprensible que siga esgrimiendo al fallecido general Franco ante la audiencia internacional, evocando los tiempos duros e inhumanos que supuso el bloqueo por tierra; pero hace tiempo que la España democrática respira otros aires y que desde 1975 ha llovido. No beneficia esta constante referencia a un pasado —que pasado queda— para generar más confianza y, sobre todo, conseguir que se comparta la prosperidad anunciada.

Sí convendría que, en un ámbito menos pretencioso pero más práctico, el Reino Unido y España concretaran los temas que quedaron fuera del acuerdo: el usufructo del istmo de La Línea, las aguas, los rellenos y la contaminación.

Confiando que estas letras no alberguen la más mínima sombra de duda sobre el respeto debido a las personas que habita Gibraltar, incluido usted mismo; reciba un cordial saludo

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