Antes de votar, que nadie nos cuente la historia a medias

 

Se acercan las elecciones.

Y volveremos a ver campañas llenas de mensajes fáciles, vídeos de unos segundos, titulares escogidos a conveniencia y discursos diseñados para que reaccionemos antes de pensar.

Pero hay algo que me preocupa especialmente: los bulos.

Porque en los últimos años hemos visto cómo desde sectores de la derecha y, con especial intensidad, desde la ultraderecha, se han difundido afirmaciones falsas, medias verdades y mensajes manipulados para desacreditar al Gobierno y provocar indignación.

Y quiero dejar algo muy claro:

Criticar a un Gobierno es legítimo. Mentir sobre lo que hace no.

Una cosa es decir:

“No estoy de acuerdo con esta medida.”

Y otra muy diferente es afirmar que algo no ha ocurrido cuando los datos oficiales demuestran que sí ha ocurrido.Una cosa es discutir si una subida de las pensiones es suficiente.Y otra decir que las pensiones no han subido.Una cosa es criticar la reforma laboral.Y otra negar que la temporalidad haya caído.Una cosa es cuestionar las políticas sociales.Y otra borrar de un plumazo medidas que están ahí y que afectan diariamente a millones de personas.

Los hechos no deberían tener ideología.

Un dato no debería ser de izquierdas ni de derechas.

Un dato es un dato.

Por eso quiero hacer una petición a quienes lean estas líneas:

No os creáis todo lo que veis en las redes sociales.

Ni cuando lo diga la izquierda.

Ni cuando lo diga la derecha.

Ni cuando lo diga la ultraderecha.

Buscad la fuente.

Mirad el BOE.

Consultad los datos oficiales.

Comparad.

Porque estamos viviendo una época en la que un vídeo de veinte segundos puede conseguir más difusión que una explicación de veinte páginas.

Y ahí está el peligro.

Porque una mentira repetida miles de veces no se convierte en verdad.

Solo se convierte en una mentira conocida por miles de personas.

Por eso, antes de votar, quiero que hagamos algo muy sencillo:

memoria.

No memoria de los discursos.

No memoria de los memes.

No memoria de los vídeos que nos llegan por WhatsApp.

Memoria de los hechos.

Porque durante estos años este Gobierno ha tomado decisiones que han cambiado la vida de millones de personas.

Algunas buenas.

Otras discutibles.

Algunas insuficientes.

Y otras que todavía tienen mucho camino por delante.

Pero están ahí.

Y merece la pena conocerlas.

EMPECEMOS POR NUESTROS PENSIONISTAS

Durante años se habló de la necesidad de proteger el poder adquisitivo de quienes habían trabajado toda una vida.

Desde 2022 las pensiones contributivas se revalorizan siguiendo una fórmula vinculada al IPC.

En 2026 han vuelto a subir un 2,7%.

Las pensiones mínimas han aumentado más de un 7% y determinadas prestaciones, como las pensiones no contributivas y el Ingreso Mínimo Vital, han aumentado un 11,4%.

¿Es suficiente?

Eso puede discutirse.

Pero decir que no han subido sería sencillamente faltar a la verdad.

Y detrás de cada porcentaje hay una persona.

Una mujer que cobra una pensión de viudedad.

Un hombre que después de cuarenta años trabajando mira cada euro antes de gastarlo.

Una pareja de jubilados que paga su casa, la luz, la comida y los medicamentos.

Para ellos no son cifras. Es su vida.

HABLEMOS DEL SALARIO MÍNIMO

En 2018 el salario mínimo interprofesional estaba en 735,90 euros mensuales en 14 pagas.

En 2026 está en 1.221 euros.

Una subida aproximada del 66%.

¿Significa que todos los trabajadores viven bien?

No.

¿Que los salarios sean suficientes para comprar una vivienda?

Tampoco.

¿Que todavía haya trabajadores que llegan con dificultad a final de mes?

Por supuesto.

Pero cuando alguien diga que durante estos años “no ha cambiado nada”, recordemos también esto.

Porque hay cosas que no necesitan propaganda.

Están en la nómina.

Y ESTÁ LA REFORMA LABORAL

España llegó a tener una temporalidad cercana al 31%.

La reforma laboral modificó las reglas de contratación para reducir la temporalidad y favorecer los contratos indefinidos.

Y los datos han cambiado.

La temporalidad ha descendido de manera muy importante y millones de trabajadores han pasado a tener contratos indefinidos.

¿Tenemos un mercado laboral perfecto?

Ni mucho menos.

Todavía hay precariedad.

Todavía hay salarios que deberían ser mayores.

Todavía hay jóvenes encadenando contratos y dificultades para emanciparse.

Pero decir que la reforma laboral no ha cambiado nada tampoco se corresponde con los datos.

Y DESPUÉS LLEGÓ UNA PANDEMIA

Esto también parece que algunos prefieren olvidarlo.

Llegó una pandemia.

Empresas cerradas.

Trabajadores encerrados en sus casas.

Autónomos sin ingresos.

Familias enteras con miedo.

Y millones de empleos amenazados.

Se pusieron en marcha los ERTE para evitar que una crisis temporal se convirtiera en una destrucción masiva de empleo.

Después llegaron la guerra de Ucrania, la crisis energética y una inflación que golpeó a toda Europa.

Se adoptaron medidas para intentar proteger a familias, trabajadores y empresas.

¿Todo se hizo perfecto?

No.

¿Hubo errores?

Por supuesto.

¿Podemos discutir si algunas medidas fueron suficientes?

Naturalmente.

Pero no podemos reescribir la historia.

TAMBIÉN SE HAN AMPLIADO DERECHOS

Se amplió el permiso por nacimiento y cuidado del menor.

En 2025 pasó de 16 a 19 semanas por progenitor, y hasta 32 semanas en el caso de familias monoparentales.

Se creó el Ingreso Mínimo Vital.

Se han reforzado las políticas de dependencia.

Se han ampliado medidas de conciliación.

Y se han aprobado diferentes medidas para proteger a colectivos vulnerables.

Puede que alguien considere que todo esto es insuficiente.

Perfecto.

Exijamos más.

Pero no digamos que no existe.

HABLEMOS DE EDUCACIÓN

La inversión en becas y ayudas al estudio ha alcanzado cifras históricas.

Para el curso 2026-2027 se han destinado 2.559 millones de euros a becas y ayudas, con cerca de un millón de estudiantes beneficiarios.

Y detrás de esa cifra hay una realidad muy sencilla:

Un estudiante que puede continuar sus estudios.

Una familia que respira un poco.

Una madre que no tiene que elegir entre pagar una factura o comprar los libros de su hijo.

Una oportunidad.

Y HABLEMOS DE DEPENDENCIA

También aquí hay personas detrás de las cifras.

Personas mayores.

Personas enfermas.

Personas con discapacidad.

Familias que llevan años cuidando.

En 2026 se ha incrementado de manera importante la financiación estatal del sistema de dependencia.

Porque cuidar de alguien que ya no puede valerse por sí mismo no debería depender únicamente de la capacidad económica de su familia.

¿Y LA VIVIENDA?

Aquí quiero ser especialmente clara.

No está solucionado.

Y sería una irresponsabilidad decirlo.

La vivienda se ha convertido en uno de los grandes problemas de nuestro país.

Hay jóvenes que no pueden independizarse.

Trabajadores que no pueden pagar un alquiler.

Familias que destinan una parte enorme de sus ingresos a tener un techo.

Y aquí queda muchísimo por hacer.

Se aprobó una Ley de Vivienda y en 2026 se ha aprobado un nuevo Plan Estatal de Vivienda 2026-2030, con una inversión prevista de 7.000 millones de euros en cinco años.

¿Será suficiente?

Eso tendremos que juzgarlo por sus resultados.

Pero reconocer que queda trabajo por hacer no significa borrar lo que se ha hecho.

Y ESTÁ LA SEGURIDAD SOCIAL

También escucharemos que todo está arruinado.

Que España está hundida.

Que nada funciona.

Que todo es un desastre.

Pero los datos cuentan una historia bastante más compleja.

En junio de 2026 España superó los 22,5 millones de afiliados a la Seguridad Social.

Y las cotizaciones sociales han seguido creciendo.

¿Tenemos problemas?

Sí.

¿Tenemos retos enormes?

También.

Pero un país con más de 22 millones y medio de afiliados no puede explicarse simplemente diciendo que “todo está destruido”.

Y AQUÍ LLEGA LO IMPORTANTE

¿Todo lo que ha hecho este Gobierno está bien?

No.

¿Ha cometido errores?

Sí.

¿Hay cosas que no ha hecho suficientemente bien?

Por supuesto.

¿Hay promesas que no se han cumplido?

También.

Y precisamente por eso debemos exigir.

La democracia no consiste en aplaudir a un Gobierno haga lo que haga.

Consiste en vigilarlo.

Criticarlo.

Exigirle.

Y, cuando llegue el momento, decidir si merece nuestra confianza.

Pero una cosa es criticar.

Y otra muy diferente es manipular.

No podemos aceptar que alguien nos diga que una pensión no ha subido cuando ha subido.

Que el salario mínimo no ha aumentado cuando ha aumentado.

Que no se han creado contratos indefinidos cuando los datos muestran lo contrario.

Que no existen becas.

Que no existen ayudas.

Que no existen derechos que antes no existían.

Que todo lo que tenemos es mentira.

No.

Podemos discutir si es suficiente.

Podemos pedir más.

Podemos pensar que otro partido lo haría mejor.

Pero primero tenemos que reconocer la realidad.

Porque si dejamos que la política se convierta en una competición de bulos, pierde la democracia.

Y cuando pierde la democracia, perdemos todos.

POR ESO, ANTES DE VOTAR, HAGAMOS MEMORIA

No votemos únicamente desde la rabia.

No votemos desde el miedo.

No votemos porque alguien nos ha enviado un vídeo.

No votemos porque alguien ha repetido una mentira tantas veces que ha terminado pareciendo verdad.

Votemos informados.

Miremos qué había.

Miremos qué hay.

Miremos qué se ha hecho.

Miremos qué queda por hacer.

Y después comparemos las propuestas de todos.

Porque cuando alguien nos prometa bajar impuestos, preguntémosle cuáles y cómo compensará los ingresos que se pierdan.

Cuando alguien nos prometa recortar gasto, preguntémosle dónde piensa recortar.

Cuando alguien diga que va a proteger las pensiones, preguntémosle cómo.

Cuando alguien diga que va a mejorar la sanidad, preguntémosle cuánto va a invertir.

Cuando alguien prometa vivienda, preguntémosle dónde, cómo y para quién.

Preguntemos.

Porque eso es ser ciudadano.

Y cuando llegue el día de votar, que cada uno vote a quien quiera.

A la izquierda.

A la derecha.

Al centro.

A quien considere que representa mejor sus ideas.

Pero que vote sabiendo.

Porque yo no quiero decirle a nadie qué papeleta tiene que meter en una urna.

Quiero algo mucho más sencillo:

que nadie meta una papeleta en una urna engañado por un bulo.

Que nadie vote sin conocer los hechos.

Que nadie permita que le roben la memoria.

Porque los políticos pasan.

Los gobiernos pasan.

Las campañas pasan.

Pero las decisiones que se toman desde el poder pueden cambiar durante años la vida de una persona.

Una pensión que sube no es una ideología.

Es dinero que llega a una casa.

Un salario mínimo que aumenta no es una consigna.

Es dinero en el bolsillo de un trabajador.

Un contrato indefinido no es propaganda.

Es estabilidad.

Una beca no es una estadística.

Es una oportunidad.

Un permiso de nacimiento no es una batalla política.

Es tiempo para estar con un hijo.

La dependencia no es un número.

Es una persona que necesita ayuda.

Y un derecho conquistado no debería desaparecer simplemente porque alguien haya decidido negar que existe.

Por eso, cuando empiece la campaña y vuelvan los gritos, los insultos, los bulos y las medias verdades, hagamos algo revolucionario:

paremos.

Respiremos.

Busquemos el dato.

Comprobemos la fuente.

Y pensemos.

Porque no hay nada más peligroso para quienes viven de la manipulación que un ciudadano informado.

Y no hay nada más poderoso en una democracia que una persona que conoce sus derechos, conoce los hechos y decide libremente.

Así que antes de votar, recuerda.

Recuerda lo que había.
Recuerda lo que hay.
Recuerda lo que se ha hecho.
Recuerda lo que falta.

Y después, vota.

Pero vota con memoria.

Con información.

Y con libertad.

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