
La plaza de toros de Arandas fue testigo de una de esas tardes que marcan la trayectoria de un torero. Miriam Cabas, que llegaba con la responsabilidad de representar al toreo español, no solo cumplió con las expectativas, sino que desbordó cualquier previsión gracias a un concepto del toreo basado en el temple y el aplomo. Desde su primer contacto con el coso, la barreña mostró una seguridad pasmosa, lidiando a su primer oponente, de nombre “Victorioso”, con series naturales de gran factura, especialmente por el pitón izquierdo, donde se recreó en los lances. Aunque el fallo con el acero le privó de los trofeos en este primer turno, la ovación recibida ya presagiaba que algo importante estaba por suceder.
El momento cumbre de la tarde llegó con la salida de “El Buki”, el segundo ejemplar de su lote perteneciente a la ganadería de Puerto del Cielo. Cabas lo recibió con una vibrante serie de capote y un quite por faroles que encendió los ánimos de la grada. Ya con la muleta, la faena adquirió un cariz de solemnidad absoluta; ante la ausencia accidental de la música de la banda, el silencio solo se rompía por los “olés” profundos del público, que valoró la sobriedad y la firmeza de la novillera. Con tandas de pases templados y una colocación impecable, la gaditana fue sometiendo la embestida del animal con una autoridad creciente.
El clímax de la faena se produjo cuando Miriam, en un alarde de entrega, cerró su labor con dos tandas de muletazos de rodillas, totalmente entregada a la causa. Fue en ese instante cuando el grito de “¡torera, torera!” unificó a la plaza, que comenzó a pedir de forma unánime el indulto para el ejemplar de Puerto del Cielo. El juez de plaza, ante la calidad del novillo y la impecable ejecución de la lidia por parte de Cabas, concedió el indulto, desatando la locura en los tendidos y asegurando la salida en hombros de la española junto a sus compañeros de cartel.
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