David Galván ha vuelto a dejar una huella imborrable en la Feria de Manizales. En una jornada que coincidía con la festividad de los Reyes Magos en España, el torero de la Isla de San Fernando ofreció una lección de capacidad y mando, logrando imponerse a las complicaciones de sus oponentes y conectando de forma inmediata con los tendidos, que vibraron con su concepto del toreo.
Una faena de peso y compromiso
El momento cumbre de la tarde llegó con el cuarto toro de la jornada, perteneciente al hierro de Mondoñedo. Galván, que tuvo que adelantar su turno debido al percance sufrido por Juan Hernández, brindó la muerte del astado a su compañero herido antes de iniciar una labor de gran empaque. La faena comenzó con doblones por bajo de mucho sello, seguidos de tandas por el pitón derecho que derrocharon transmisión y ligazón.
A medida que el toro ganaba sentido y complicación, el gaditano no dio un paso atrás. Al natural, el trasteo alcanzó cotas de gran intensidad, culminando en un terreno de cercanías donde los pitones rozaron su abdomen. Tras una estocada fulminante, el público exigió de forma unánime los dos trofeos, permitiendo al diestro asegurar su salida a hombros por la emblemática Puerta Grande por segundo año consecutivo.
Madurez y personalidad en el ruedo
Más allá de los trofeos, la actuación de Galván destacó por su regularidad. En el sexto de la tarde, el torero volvió a cuajar una faena profunda, destacando los remates por martinetes y una serie de circulares de gran ajuste que hicieron sonar la música. Solo la falta de colaboración del animal a la hora de entrar a matar impidió que el balance de orejas fuera aún mayor.
En el primero de su lote, Galván ya había avisado de sus intenciones con una labor técnica en la que manejó las alturas con temple para estirar la embestida de un toro que se apagó pronto. Aunque el uso del descabello le privó de un posible premio en este capítulo, la imagen ofrecida fue la de un torero en plenitud de facultades.
Un inicio de temporada triunfal
Con este nuevo éxito en tierras colombianas, David Galván confirma que atraviesa uno de los momentos más dulces de su carrera. Su capacidad para emocionar en plazas de máxima exigencia y su gesto de compañerismo hacia el herido Juan Hernández han sido los pilares de una tarde que le sitúa en una posición privilegiada de cara a los próximos compromisos de la temporada europea.
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