El próximo 11 de noviembre se cumple el primer centenario del nacimiento de José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1926 – Madrid, 2021). La pluralidad, la diversificación, la fusión… presiden su vida y su obra: hijo de padre cubano y de madre con ascendientes franceses, en su formación se unen los estudios de Náutica y los de Filosofía y Letras, su cuna andaluza con sus viajes y estancias en Mallorca, Colombia, Cuba, EE. UU., París… Lo calificamos de “escritor” porque su producción literaria desborda, con mucho, su adscripción a un género determinado: el Caballero Bonald novelista se solapa con el poeta y éste, a su vez, con el ensayista, el articulista, el autor de memorias, el flamencólogo, el editor, el profesor universitario, el conferenciante… La excelente biografía de Julio Neira sobre el autor, Memorias de disidencias (2014), nos puede aportar una valiosa información que en estas líneas resulta imposible resumir.

Pero esta aparente dispersión aparece íntimamente cohesionada en sus numerosas declaraciones acerca de su propio quehacer artístico y literario. “Poesía y novela -confiesa- son para mí dos variantes de una misma necesidad de explicarme a mí mismo, de conocerme mejor a través de lo que escribo”, declara en una entrevista a José Espada (1989). Autoconocimiento a través de la escritura: ésta es una de las claves que más y mejor configuran su creación.
Será la poesía la modalidad que propicie tanto su relación con otros poetas como sus primeras creaciones, que lo vinculan a la llamada Generación del 50. Aunque desde sus comienzos la crítica lo sitúa en la corriente denominada “realismo social” (presente tanto en su poemario Las adivinaciones, 1952, y en general, en los publicados hasta 1958, como en su primera novela, Dos días de septiembre, 1962), lo cierto es que toda su trayectoria literaria se construye sobre una búsqueda incesante de sí mismo, lo que explica en gran medida, los elementos biográficos que aparecen a lo largo de toda su obra. Para él, la poesía consiste en “convertir una experiencia vivida en una experiencia lingüística”, como declara en el Prólogo a Selección natural (1983). Años antes -1978- confesaba al poeta Antonio Hernández: “Yo hago literatura a través de mi experiencia. Y mi experiencia, en términos generales, son palabras”.
La expresividad lingüística, está, sin duda, en el meollo de toda su obra. De hecho, su especialísimo cuidado por la forma, su culto a la palabra y la indagación en los diferentes recursos que ofrece la lengua unifican su
diversidad de propuestas creativas a lo largo de su extensa trayectoria, en la que se combinan el realismo social y el existencialismo (que lo llevan a adoptar una actitud crítica ante la realidad) con el barroquismo y la poesía culturalista (que proviene de las influencias recibidas, entre otros autores, de Góngora, de los metafísicos ingleses y de algunos poetas latinos del Bajo Imperio). Ya desde su primer libro de poemas, su poesía se caracteriza por una incesante búsqueda de la palabra precisa: a su juicio, la palabra poética se convierte en un “vehículo para penetrar en la realidad y darle un nuevo sentido artístico”, como declaraba en 1989 a José Espada. De ahí que, según advertía el crítico José Luis Cano en 1974, Caballero Bonald “reivindica un lenguaje que mantiene en alto el prestigio de una escritura poética de calidad”. Si comparamos, por ejemplo, los recursos empleados en su poema “Domingo” (Las adivinaciones, 1952) con los que utiliza en “Diosa en el Ponto Euxino” (Descrédito del héroe, 1993, 2ª ed.) observamos que, en efecto, la búsqueda de la riqueza lingüística se superpone a las diferentes corrientes en que se inscriben ambos poemarios.
Ya advertíamos de la diversidad de propuestas literarias de Caballero Bonald, lo que nos impide una atención más pormenorizada a su obra y a la cantidad de nombramientos, distinciones y galardones que recibió a lo largo de su vida. Recomendaría la lectura de Somos el tiempo que nos queda (su obra poética completa de 2004, reeditada en 2007 y 2011) y sus memorias completas, La novela de la memoria (2011).
Su poema “Mestizaje” (Diario de Argónida, 1997) se cierra con este verso: “Mientras más envejezco más me queda de vida”. Cinco años ya desde la muerte de Caballero Bonald. Pero no olvidemos que el poeta nunca muere mientras haya un lector que se adentre en su obra.
Noticias de la Villa y su empresa editora Publimarkplus, S.L., no se hacen responsables de las opiniones realizadas por sus colaboradores, ni tiene porqué compartirlas necesariamente.
Etiquetas:



