
El festejo en Tlaltenango ha tenido un nombre propio: Miriam Cabas. La novillera firmó la actuación más completa de la tarde frente a un ejemplar de la ganadería de El Saucillo, al que entendió a la perfección desde los primeros compases. Su labor, técnica y entregada, culminó con una estocada certera que le permitió pasear las dos orejas bajo el clamor popular, consolidándose como la máxima triunfadora del evento.
La tarde se completó con las orejas obtenidas por el rejoneador Rafael Ayala y el diestro Juan Vicente, en un festejo donde el ganado de distintas divisas permitió el lucimiento general. Sin embargo, fue la “torería” y el calado artístico de la joven de Los Barrios lo que dejó la huella más profunda en una afición mexicana que se entregó por completo a su concepto del toreo.
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