El primero de la tarde manseó en los primeros tercios, haciendo presagiar un complicado escenario para el torero. Galván apostó desde el inicio de faena por doblones, marca de la casa, toreando con mucho temple y rematando la serie con un gran pase de pecho a la hombrera contraria. El gaditano supo entender las condiciones del toro y, con mucho conocimiento, fue hilvanando las tandas que el de Lagunajanda tenía dentro. La música sonó pronto y el animal fue desarrollando mientras Galván continuaba buscando el triunfo. Una rotunda estocada puso el broche a la faena. Oreja
Recibió al cuarto con ajustados y armónicos delantales, dejando patente desde el capote su disposición. Con la muleta inició faena por alto ante un toro con movilidad y transmisión, pero que como se dice en el argot “pedía el carné”. Galván entendió la condición del animal y construyó una faena intensa y de creciente importancia, en la que destacó especialmente una soberbia y larga tanda de cierre con la diestra. Con inteligencia, se fue a por la espada y ejecutó una preciosa suerte de matar en los medios, que puso en sus manos la segunda oreja.
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