DE LIBROS

Un volumen excesivo

 

Espero que este título no se interprete como censura a la obra de Javier Osuna sino, simplemente, como una muestra de la impresión visual que me han producido el volumen y el peso de su rigurosa y detallada investigación. Su título, además, ya lo declara palmariamente porque, como es sabido, la palabra “fardo” significa “carga grande”. Estas dimensiones, sin embargo, están plenamente justificadas por la calidad y por la variedad –por la “riqueza”- de las aportaciones artísticas de Pericón, un cantaor “singular” por la pluralidad de sus estilos flamencos y por la solidez de su riqueza humana.

Javier Osuna García, 2026, Los fardos de Pericón, (1512), Cádiz, Diputación Provincial.

Javier Osuna nos regala una exhaustiva cantidad de datos –todos ellos pertinentes y documentados- que él ha obtenido buceando en un extenso y profundo mar de obras repartidas por bibliotecas, archivos y hemerotecas. Desde las primeras páginas hasta el final de su dilatada relación de “fuentes bibliográficas” nos ilustra sobre la variada aportación humana y artística de Juan Martínez Vílchez a un modelo de cante flamenco que es “estrictamente” gaditano. La ductilidad, la exquisitez e, incluso, la gracia de su arte ha situado a Pericón en la cumbre de los más genuinos cantaores de este trozo de tierra, de mar y de cielo. Es comprensible, por lo tanto, que Fernando Quiñones lo definiera como “impecable tenor jondo”.

La densidad y extensión de esta obra, que contiene datos precisos y sugerentes aportados por Javier Osuna, muestra cómo el cante de Pericón se define como “esencialmente bello” por su manera de interpretarlo y de vivirlo. Nos descubre cómo era –sigue siendo- un cantaor que a armonizaba sus actividades vitales y artísticas, como el triunfo pleno de la autenticidad personal, como el cauce anchuroso de su intensa creatividad y como la plataforma poderosa de su fecunda expresividad emocional.

Su cante, su figura y su simpatía constituían la personificación de un culto sagrado a las genuinas raíces, a la fidelidad estricta a los cánones tradicionales y, al mismo tiempo, un compromiso irrenunciable para lograr que sus cantes poseyeran un sello diferente y un aire singular. Las alegrías, romeras, cantiñas y tanguillos conservadas en sus grabaciones reflejan su inconfundible personalidad definida por su justo compás y por la manera de cortar los cantes. Javier Osuna nos proporciona datos imprescindibles para comprobar cómo la gracia, la humanidad y el arte de Pericón son los tres rasgos definidores de su rica personalidad.

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