Los Barrios, la epidemia de fiebre amarilla de 1804, y la barriada de El Lazareto

Dejando de lado algunas pandemias globales que no han tenido tanta influencia en la población de Los Barrios en general (peste, viruela, sarampión, SIDA, cólera o Ébola), hay dos que han cambiado la historia de nuestro pueblo; la fiebre amarilla de 1804, y la denominada “gripe española” de 1918-1919. Ambas, junto a la que estamos padeciendo cambiaron y cambiarán nuestras vidas. Nos centramos en este artículo en la epidemia de fiebre amarilla que asoló Los Barrios durante los meses de septiembre a diciembre de 1804.

La mal denominada “gripe española” de 1918, tuvo una importante incidencia en Los Barrios. Con una población de unos 6.700 habitantes, afectó, entre octubre y noviembre de 1918, a 499 contagiados según la prensa de la época, y posiblemente fueron un número mayor. Se desconoce el número de muertos pero las investigaciones más serias estiman que murieron del 10 % al 20 % de los infectados. En aquella época los médicos aconsejaban curar el virus con café, tabaco, ajo y coñac.

La pandemia actual, el Covid-19, a fecha de 8 de junio en Los Barrios, ha contagiado a 31 personas y ha habido 6 fallecidos, con una población actual de unos 24.000 habitantes.
Los Barrios tiene en su historia episodios muy relacionados con las grandes epidemias a lo largo de su historia más reciente. Incluso la barriada del Lazareto, le debe su nombre a la pandemia de fiebre amarilla que asoló España y nuestro municipio en 1804.

La fiebre amarilla de 1804 y el Lazareto de Los Barrios

El 11 de septiembre de 1804, se alojó en la posada del pueblo de Los Barrios, el soldado de caballería del cuartel de Santiago, Manuel Ruiz. Su muerte, ocurrida en la madrugada del día 13, hizo sospechar al médico municipal Joaquín de Bobadilla, que podría tratarse de una enfermedad de contagio. Con este soldado venían otros doce, y ya habían dejado dos enfermos en Cádiz y Medina. La Junta de Sanidad comenzó inmediatamente a tomar medidas como enterrar el cadáver con precaución y poner en cuarentena la posada. Pero ya era tarde, el roce del enfermo y sus compañeros con una gran parte del pueblo había sido considerable. Este soldado del Regimiento de Santiago proveniente de Cádiz, trajo la enfermedad de allí, donde ya estaba más avanzada la enfermedad. Ya los médicos estaban alarmados cuando a los 15 o 16 días de la muerte del soldado, y cuando el levante, que fue muy abundante esas semanas, cambió a poniente, seis enfermos que ya eran sospechosos quedaron contagiados. Vivían en casas que estaban contiguas a la puerta de la posada donde se alojaron los soldados, por su frente y por su costado, en una especie de plazoleta de unas sesenta varas de largo (unos 300 metros) y unas doce varas de ancho (unos 60 metros).

Debido a este hecho, el Comandante general del Campo de Gibraltar, Francisco Javier Castaños, organizó una comisión para inspeccionar y atender la salud pública de su distrito y el médico Tadeo Lafuente fue enviado a los Barrios, en octubre de 1803.

Él, junto a los dos médicos que tenía Los Barrios, intentaron atajar la epidemia. A su llegada, se practicaron en los parajes sospechosos, las medidas propias de la época, fumigación de ácido nítrico, y se circunvaló y cerró la plazoleta y el recinto de todas estas casas. En estos momentos, ya se estaba comenzando a construir un lazareto, en las afueras del municipio.

Un lazareto es un lugar donde se alojan a enfermos contagiosos para tratar enfermedades infecciosas, en muchos casos estaban más enfocadas a la reclusión de estos enfermos sin ningún cuidado médico, ni de salubridad.

A las casas donde sus moradores comenzaban a tener síntomas, se les ponían inmediatamente guardias de sanidad en sus puertas. La población se oponía a las disposiciones de las autoridades sanitarias. Solo cuando las muertes fueron muchas, fue cuando comenzaron a comprender la importancia de las medidas sanitarias, y ya era tarde.

Incluso algunas casas ocultaron su contagio, por no querer estar bajo las indicaciones de las autoridades sanitarias. Esto hizo que la enfermedad se disparase, y que estuviese amenazada la salud del pueblo en su conjunto. Se pusieron guardias sanitarios por todas partes y se acrecentó la necesidad de concluir el lazareto, que tuvo también muchos problemas y dilaciones. La única solución que se daba en ese momento fue la de sacar a los enfermos del pueblo y enviarlos al lazareto, costeado por la Junta de Sanidad del municipio.

La idea era aislar cada enfermo en una choza pequeña construida de ramajes y palma, en el aire puro y libre del campo. La choza estaba ventilada y había una absoluta renovación del aire, lo que no había en las casas del pueblo, que carecían de la ventilación necesaria. Incluso durante diciembre, donde hubo malísimos temporales de lluvia y vientos, se invitó a los enfermos de las chozas a que pudiesen ser trasladados al hospital, contestando todos que se quedaban, a no ser que fueran obligados por violencia.

Cada choza estaba separada 18 varas (unos 15 metros), y no era necesario alejarla demasiado de la población. Fueron 36 chozas de enfermería y 46 para los que debían estar en cuarentena y convalecencia.

Se construyeron en estas fechas dos lazaretos en la comarca, el de Los Barrios, y otro en la playa de Getares de Algeciras. La construcción del lazareto tuvo muchos detractores en este pueblo, estos defendían que era preferible que se aislasen en el hospital de la Caridad, el actual centro de mayores del Paseo, que en aquellos años estaba enteramente aislado, muy ventilado, y era una buena construcción. Como fue imposible resistir a los defensores del aislamiento en el hospital de la Caridad, se concedió que cada enfermo pudiese elegir su destino, ya fuese el lazareto o enfermería de chozas, como también se denominó, o el nombrado hospital de la Caridad, incluso se permitió caseríos en el campo, siempre que se quisiese costear las correspondientes guardias sanitarias.

A principios de noviembre de 1804 y en medio de grandes dificultades, se comenzó a trasladar a los enfermos al lazareto, se le permitió que pudiesen ser acompañados de uno o dos personas, y se comenzó por los que empezaban a caer enfermos, no se movieron a los más graves. Se impusieron penas a las familias que ocultasen a sus enfermos, se ofrecieron premios y “un sigilo escrupuloso” a los delatores de enfermos. También se estableció la figura de los comisarios de barrio, que pasaban diariamente lista y visitas domiciliarias.

Los Barrios en 1804, tenía una población de 2500 habitantes aproximadamente, de 3000 almas (cada uno de los miembros de cada familia) habla Tadeo Lafuente, y setecientos vecinos (los varones mayores de edad cabeza de familia).

En los poco más de tres meses que duró la epidemia, unas 300 personas fueron contagiadas y hubo 112 víctimas, además de veintitantos difuntos que se encuadraron en muertes dudosas. Todo sucedió en pocos meses, en un pueblo como Los Barrios donde morían anualmente 30 o 40 personas.

Además del pueblo de Los Barrios, los protagonistas fueron, el médico municipal Joaquín de Bobadilla, el padre capellán de los contagiados Fray Juan de San Miguel, mercenario descalzo, y el guardián interno del lazareto de chozas Francisco Salsa. Pero el protagonista que pasó a la historia de la medicina española y a la historia de Los Barrios es el médico Tadeo Lafuente.

Tadeo Lafuente, médico consultor de los Reales ejércitos, estuvo comisionado varias veces como inspector de salud pública en el Campo de Gibraltar. En una de sus estancias en Los Barrios, Lafuente escribió un interesante libro que planteaba un método curativo sobre la fiebre amarilla que ha quedado en la historia de la medicina, Lafuente resumía su método curativo de la siguiente forma; “El resultado no es que solo la quina es la que produce estas curaciones admirables; es primero, su cantidad; segundo, el instante forzoso en que debe comenzarse; y tercero, el momento preciso en que se debe concluir de tomarla. Con que falte una de estas condiciones, podemos hacer cuenta que no se ha hecho nada”.

En la intrahistoria de Los Barrios, nos queda el nombre de la ubicación del Lazareto, donde hoy día se encuentra una de las barriadas más populosas del municipio, que recibe el mismo nombre; El Lazareto, y la plaza principal de esta barriada que acertadamente se llama “médico Tadeo Lafuente”. Incluso hubo un proyecto para la construcción de un Lazareto en Los Barrios en 1929, que no se llevó a ejecutar por los condicionantes políticos de la época, pero eso es otra historia.

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