En los últimos días de su cantado breve reinado, la faraona se puso el mundo por peineta. No llevaba un traje de faralaes muy vistoso, pero es la primera vez que se le pudo ver peinada, que no es poco.
Mientras recorría la feria de Sevilla, intentando entre rebujitos caer graciosa y en gracia a varios cargos regionales del PSOE, las nóminas de los trabajadores municipales no se habían abonado, y es que ella iba a lo que iba: un postrero intento por entrar en la onda Griñán.
El aviso que le enviaron días atrás fue que cogiera las de Villadiego, pero no debía tener la antena operativa porque no lo captó, o quizás le produjeron interferencias los estériles revoloteos de algún palomo mensajero. El caso es que luego se fue de gira a la feria de Jerez, con idéntico resultado.
Ya sólo le quedó la de Los Barrios, pero ahí no había cargo al que perseguir, sino dar la apariencia de que todo le resbalaba y era incombustible, aunque las brasas de sus propios errores ya la estaban achicharrando.
Lo triste es que entre palmichas y majoletos se ha perdido un año. Un periodo en el que no ha gestionado, ha generado más deuda, ha colocado a sus amigos y ha malpagado las nóminas cada vez con más retraso.
Su dimisión forzada, que ya veremos en los meses venideros si tiene a cambio alguna compensación, se logró porque en su prepotente afán de romper con todo lo anterior también empezó a pisarle los callos a quien la puso de alcaldesa y la estuvo arropando al principio. De haber sido más hábil y continuar las buenas relaciones con Alonso Rojas, posiblemente seguiría rompiendo platos y creando destrozos. No hay mal que por bien no venga.
Pero no le metió el dedo en el ojo a su antecesor porque le destapó secretos inconfesables, sino por su afición a la cucaña y porque ya llevaba esa intención desde que entró como número dos en la lista del PSOE. Rojas, que de antes arrastraba cierta miopía, le puso todo en bandeja con su inhabilitación.
Su círculo de palmeros jaleaba y telegrafiaba con taconeos que la Geli iba a tirar de la manta, aunque a la hora de la verdad no ha tirado ni del mantón de manila que lució por todos los saraos, y aquello que alguien vendió como un pelotazo, no fue más que una ventosidad que confundieron con el tesoro del capitán Flint mientras buscaban algo con que pagar a la plantilla municipal.
Salvo imprevistos, Juan Montedeoca será el cuarto alcalde en este borrascoso mandato si contamos al regidor en funciones, José Tocón. Los Barrios necesita sensatez y serenidad, cualidades que parecen encajar con este candidato, que es también accesible y nunca ha dejado de frecuentar sus sitios de siempre, ni siquiera cuando fue presidente de la Mancomunidad.
Si logra la elección tendrá que resolver, o tratar de paliar, en muy poco tiempo una gymkana contable y laboral que se antoja tan complicada como atravesar un campo de minas. Lo peor es que el peso de todo lo sucedido en estos tres años podría lastrar las buenas intenciones.
La gestión que se haga en lo que falta hasta los próximos comicios puede ser el mejor de los programas, o la peor de las campañas. Los deberes están por hacer y el examen está a la vuelta de la esquina. Aquí sólo cabe ser un optimista con un proyecto, no un pesimista con una excusa. Es de cajón.
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