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Hoy estrellamos una botella de champán en el casco de un nuevo barco que bautizamos.
Quiero inaugurar esta nueva sección explicando a los lectores qué vamos a tratar.
Hablaremos de naturaleza y nos centraremos en un campo apasionante: la zoología o estudio de los animales.
Veremos las múltiples especies, chicas y grandes, que conviven con nosotros en nuestro Parque de los Alcornocales. Estudiaremos la interrelación curiosísima que se da entre ellas. Indagaremos la etología o ciencia que estudia el comportamiento y las costumbres de los seres vivos.
Tocaremos las ramas de la ornitología y la entomología, entre otras muchas cosas.
Para no comenzar hoy, el primer día de esta maravillosa singladura, lanzaré una reflexión importante a los futuros lectores.
Por mucha ayuda que prestemos a los ecosistemas y a sus animales, nunca ayudaremos tanto como quedándonos parados.
Nadie sabe cómo se conectan todos los delicados y frágiles escalones de la pirámide trófica, ni conocemos las fuerzas regeneradoras puestas en el medio natural.
Se ha dado el caso de un mar con vertidos tóxicos que se regenera sin ayuda humana en menos años que otro en el que el hombre actuó tratando de arreglar el desaguisado que cometió.
Otro dato que parece de ciencia ficción, pero que se presume cierto. Imaginemos que la raza humana se extingue. En pocos años los árboles y arbustos irían creciendo y repoblando con efectividad zonas asfaltadas. Las ciudades, pues, serían sepultadas por los bosques. Los animales se multiplicarían sin su principal depredador, e irían ocupando zonas en las que extinguieron antaño. E incluso muchas especies consideradas extintas reaparecerían.
Quiero terminar mi primer artículo dando las gracias a Noticias de la Villa, por permitirme expresarme y por hacer un hueco a tan interesante temática, a veces olvidada por los medios de comunicación.
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