Patricio González | Escritor y Analista
Estamos asistiendo a un espectáculo parecido al de la Transición, cuando las instituciones democráticas no estaban afianzadas ni se habían desarrollado las prácticas del parlamentarismo, los dirigentes políticos se reunían en domicilios privados, cafés, fundaciones y otros lugares para pactar decisiones que afectaban a la arquitectura del Estado.
Treinta y siete años después y tras una campaña en la que todas las fuerzas han incidido en la importancia de la regeneración ética y la transparencia, hemos vuelto a los mismos usos y costumbres de aquella lejana época de reuniones entre los dirigentes de UCD, democristianos, PSOE , PSP y PCE para pactar entre ellos las reglas del juego.
En aquel momento , esto podría tener su explicación dentro de ese momento histórico, pero lo triste es que los políticos de hoy vuelven a repetir las mismas conductas que entonces, como si la democracia fuera cuestión de unos líderes que se reúnen en secreto para dirimir qué hacer con los millones de votos que han recibido en las urnas.
Viene sucediendo en los últimos días : Albert Rivera se cita durante tres horas con Pedro Sánchez y luego se va a ver a Mariano Rajoy durante dos horas. Explicaciones no da casi ninguna y se limita a articular unos cuantos tópicos que a nada le comprometen sobre lo hablado. Pero mientras Rajoy guarda silencio, Pedro Sánchez come en La Moncloa con Rajoy y cena con Pablo Iglesias para discutir los posibles pactos postelectorales. Sánchez calla y oculta el encuentro con Rajoy en una rueda de prensa y luego el PSOE reconoce que ha existido el cara a cara, pero precisa que se ha debatido “la hoja de ruta” hasta las Generales. Y para rematar, Podemos dice que la reunión entre Sánchez e Iglesias se iba a celebrar en un «lugar neutral», como si estuviéramos en una guerra.
Está claro que los ciudadanos tienen derecho a saber cuándo y cómo se reúnen y de qué hablan nuestros líderes políticos, que presumiblemente no es de fútbol ni de Eurovisión sino de los pactos postelectorales.Por los menos Rivera ha explicado los criterios generales con los que va a negociar, pero Podemos mantiene una opacidad absoluta frente a esas asambleas abiertas que pregonaba.
Lo que está ocurriendo en estos últimos días es una verdadera tomadura de pelo y es justamente lo contrario de lo que se debe hacer en una democracia. Podrían fijarse todos en cómo negociaron en Alemania el acuerdo de coalición la democristiana Angela Merkel y el socialdemócrata Sigmar Gabriel.
Lo que está pasando estos días demuestras que todos los partidos no han entendido nada.
Los aparatos siguen a lo suyo, administrando la voluntad de los electores como si fuera un negocio privado. No hemos ganado nada. Seguimos siendo tratados como niños.
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