Carnaval y libertad de expresión en Los Barrios

VÍDEO | Memoria, sátira y “cachondeo” sin censura en la Peña Atlético Los Barrios

Las IV Jornadas Carnavalescas celebradas en la sede de la Peña Cultural Deportiva Atlético Los Barrios se convirtieron en un alegato en defensa del carnaval de calle como espacio de crítica social y libertad creativa. Alfonso Vera y Antonio ‘El Gordo’, en una mesa-coloquio presentada por Héctor Grandy, reivindicaron la sátira política sin complejos y recordaron tiempos en los que las coplas no entendían de amistades ni de presiones institucionales.

Alfonso Vera y Antonio ‘El Gordo’, junto al presentador Héctor Grandy, durante la mesa-coloquio celebrada en la sede de la Peña Cultural Deportiva Atlético Los Barrios.

El Carnaval de Los Barrios fue mucho más que disfraces y coplas festivas. Fue, ante todo, una herramienta de control social a través del humor. Esa fue una de las principales conclusiones que dejó la mesa redonda celebrada en el marco de las IV Jornadas Carnavalescas en la sede de la Peña Cultural Deportiva Atlético Los Barrios, donde la memoria y la ironía caminaron de la mano.

Alfonso Vera y Antonio ‘El Gordo’, protagonistas del encuentro y referentes del carnaval local, compartieron escenario en una charla presentada por Héctor Grandy. Entre anécdotas y risas, reconstruyeron una etapa en la que la sátira política ocupaba el centro de la fiesta. “Nos poníamos como un reverendo trapo”, recordaron aludiendo a las letras dedicadas a concejales y responsables públicos que, pese a mantener una relación personal cordial fuera del escenario, no se libraban de la crítica sobre las tablas.

La reflexión giró en torno a una idea clara: el carnaval nació para incomodar al poder. Según los participantes, hace años no existían límites autoimpuestos ni temor a molestar. “Es que no nos cortábamos para nada”, insistieron, evocando coplas directas y punzantes que señalaban decisiones municipales, promesas incumplidas o situaciones polémicas del día a día político local.

Los ponentes subrayaron además que aquellas letras no surgían en el vacío. El pueblo era parte activa del proceso creativo. Los vecinos acudían a puntos de encuentro habituales, como la antigua parada de taxis o la Cafetería Cristina, para trasladar comentarios, rumores y situaciones cotidianas que después terminaban convertidas en versos. “Ya decía la gente: ‘Uf, los gordos están reunidos, malo… ya están con el Carnaval, cuidado que nos sacan algo'”, recordaron entre risas sobre la expectación que generaban sus reuniones. “Lo que quería el pueblo era esto: la crítica, el cachondeo”, afirmaron desde la mesa, reivindicando esa conexión directa entre calle y escenario. 

En ese sentido, defendieron que el carnaval funcionaba como un espejo del municipio, reflejando tanto sus virtudes como sus contradicciones. La risa colectiva actuaba como válvula de escape, pero también como mecanismo de fiscalización simbólica de quienes ostentaban el poder.

Durante la charla también salieron a la luz episodios de presiones institucionales. Recordaron cómo, en más de una ocasión, desde la alcaldía se les pidió en camerinos que evitaran interpretar determinadas letras. “Por favor, no cantéis hoy esa”, llegaron a escuchar. Sin embargo, la respuesta fue firme: la defensa de la libertad creativa por encima de cualquier conveniencia política. “La primera que se cantó, evidentemente”, confesaron entre risas, dejando claro que la irreverencia formaba parte de la esencia carnavalesca.

Lejos de la nostalgia vacía, la jornada concluyó con una llamada a las nuevas generaciones para mantener viva esa llama crítica. Los participantes advirtieron del riesgo de que el carnaval pierda su carácter contestatario en un contexto cada vez más condicionado por lo políticamente correcto o por la cercanía entre autores e instituciones.

Las IV Jornadas Carnavalescas no solo sirvieron para recordar coplas del pasado, sino para abrir un debate necesario sobre el presente y el futuro del carnaval en el municipio. En la sede del Atlético Los Barrios quedó claro que, para muchos, la fiesta sigue siendo sinónimo de libertad, sátira y valentía.

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