
Fotos: Juan A. Herrera
El coso barreño abrió sus puertas para una cita cargada de simbolismo que comenzó con un respetuoso minuto de silencio en memoria del ganadero Manuel Álvarez Briales y las víctimas recientes de los sucesos de Adamuz y la pequeña Valentina. Asimismo, le fue reconocida a la veterinaria Beatriz Polo Alcázar su labor en estos años y próxima jubilación

Alejandro Duarte, tarde para el recuerdo
Alejandro Duarte vivió una de esas tardes que marcan una carrera. El cuarto novillo, “Papolo”, herrado con el número 29, fue sin discusión el mejor del encierro. De excelentes hechuras y extraordinaria condición, embistió con nobleza, calidad y entrega de principio a fin. Tras brindar la faena al maestro Ruiz Miguel, presente en el callejón, Duarte entendió pronto la dimensión del animal y lo llevó largo, templado y siempre embebido en la muleta.
El toreo en redondo alcanzó gran altura en una faena sentida y madura para un debut con caballos. La petición de indulto fue clamorosa y el palco no tuvo más remedio que atenderla. Se concedieron las dos orejas y el rabo simbólicos, que el novillero paseó en triunfo en una imagen difícil de olvidar.
Con el novillo que abrió plaza, Duarte se mostró voluntarioso y solvente ante un ejemplar más incómodo y con matices. Hubo momentos de intensidad cuando logró hilvanar las series con mayor limpieza. Mató de estocada tendida y paseó una oreja.
Por su parte, Francisco Fernández no se quedó atrás en su presentación oficial, haciendo gala de un toreo variado y firme. Su capacidad para entender las condiciones de su lote le permitió pasear un apéndice de cada astado, asegurando así su salida por la Puerta Grande junto a su compañero de filas.
Fernández demostró una madurez técnica impropia de un debutante. El barreño se impuso a las dificultades de su lote con firmeza y valor, destacando especialmente su labor ante el quinto de la tarde, un ejemplar de capa ensabanada que exigió precisión. Pese a no estar certero con el acero, su disposición le valió una oreja en cada toro.
El tercer integrante del cartel, El Gali, dejó destellos de su formación en la escuela malagueña con series de mucha clase; sin embargo, el mal uso de los aceros en sus dos intervenciones empañó un trabajo que mereció mayor recompensa artística.
El algecireño El Gali dejó muestras de su buen concepto conformándose con sendas ovaciones tras mostrarse voluntarioso frente a un lote que requería temple.
En el apartado de cuadrillas, sobresalieron las actuaciones en banderillas de nombres como José Otero y Daniel Duarte.


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