En efecto, periodismo al revés. El precepto periodístico lleva toda la vida afirmando que la cabecera de la noticia (antetítulo, titular y subtítulos) debe explicar lo más esencial de la información, responder a las seis preguntas claves que se suele hacer el lector cuando algo sucede: qué, quién, cómo, cuándo, dónde y por qué.
Por fortuna, la constante sigue ahí, aunque vulnerada a menudo por las exigencias del mundo digital. El periodismo de papel vende eso, papel, pero el periodismo digital vende tiempo enganchado a la Red. De ahí que se haya implantado con fuerza el periodismo anzuelo que es un titular misterioso que no dice absolutamente nada de nada y te obliga a pinchar sobre él para tragarte después todo un rollo retórico de literatura barata hasta que en el último párrafo te responde a lo que anuncia el titular que ni es titular ni es nada, es una simple oración gramatical.
En el periodismo propiamente dicho te enteras con el titular de lo que pasa y, como mucho, el lector se interesa por el primer párrafo al que se le llama entradilla. Ya el muy buen lector se lee la noticia entera. Eso sigue, pero cada vez tenemos más titulares gancho y más noticias de entretenimiento e insustanciales. Y más literatura barata.
El periodismo al revés actual, para contarte una noticia, que ni siquiera es segura sino que podría serlo pero que, en realidad no existe. Es lo que se llama “no acontecimiento”. O sea, que le han hecho a usted y a mí perder el tiempo, pero ese tiempo se lo hemos regalado a la Red y al medio para que puedan comer los periodistas aunque sea mal.
¿Qué es lo que habría que hacer? Pues yo creo que lo que hay que hacer es responder a lo que la gente demanda, sin rollos. Pero ahora eso se está acabando, cuando más prisa hay que es en estos tiempos vertiginosos, el periodismo se está escribiendo al revés. Es como un avance hacia atrás. Y , la verdad, es que es una pena.
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