MONTE DE LA TORRE

A la más linda flor de mayo y de nuestros años

 

En el mes de Mayo había de ser vuestro día, madres,
porque vosotras sois la flor más hermosa,
con vuestros pétalos dais color de alegría a la vida que de vos nace.
Cuántos desvelos, cuánta entrega supone consagrarse plenamente a las múltiples atenciones que un hij@ requiere, pero vosotras, madres del mundo lo hacéis de veras porque cuando es el corazón quien impulsa a obrar todo resulta sencillo y fácil de realizar.

Una madre da todo y hasta queda vacía y rota
si su descendencia calor necesita se lo da con el sentimental fuego que brota de la incombustible llama del amor.

Sois pañuelo para enjugar nuestras lágrimas,
regazo para acunar los más bellos sueños,
por eso dichoso quien en esta vida
puede decir que tiene en el jardín de su existencia
la más hermosa flor, la madre que esta vida le dio.

Que nunca una madre tenga que ahogarse en el llanto
por no poderlo dejar correr por el dolor que le supone
saber que un hij@ te ha “faltao” y tienes que tapar y tapar
lo que los sentimientos descubren.

No seamos ingratos arrancando los pétalos
de la que siempre lozana y bella, como santa que es,
en el altar de nuestro pecho grande ofrenda de amor
hemos de hacerle mientras que vivamos,
pues una madre nunca en el corazón de los hij@s muere;
si está haciéndonos compañía,
nos hallamos llenos de alegría porque tenemos consejera y guía
asegurada en cada uno de los días.

¿Y si falta?
¡Oh! Si falta, es tan grande el vacío
que nada ni nadie puede llenar el sitio de una madre
por eso los que no la tenemos al lado
hemos de buscarle en los más bellos recuerdos,
pues ellas solamente dejan, cual estrellas fugaces,
una grandiosa e imborrable estela de acciones inolvidables.
Pensemos que su sonrisa,
sus amables gestos, sus palabras de ánimo, todo eso
está en nuestro interior muy dentro
y lo que debemos hacer, sintiéndonos orgullosos de tenerlos,
es exteriorizarlos para decir: “ Madre, toda la bondad
que en mi sembraste es fruto que heredan mis descendientes.

Este es mi mejor regalo,
presentar en la ventana de mi vida los valores que me diste
y nunca que tu alma no descanse y se oculte con la pena
porque dejo de recordarte.
Todos los días son tuyos y yo no los tendría hoy,
si de ti no naciera o tú no me arroparas con el calor de amor,
ese tan especial que solamente das tú, madre del alma
Eres la primera palabra que verbalizo,
la que no me enseñó maestro alguno
y si el mismo corazón
y también serás la última que vocalice al despedirme del mundo
pues, en esos momentos, me gustaría volver a encontrarme contigo
para ya nunca más separarnos porque muerte, como tú, madre, que eres mi vida solamente hay una”.

No olvidemos el cuarto mandamiento de la Ley de Dios, si ese no recordamos difícilmente cumpliremos los que atañen a nuestro prójimo.

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