Al enemigo, ni agua

 

A los andalucistas les pirra eso de arrojar el guante y, a la vez, arredrarse cuando de aceptar retos se trata. Una de dos. O no tienen interés ninguno en ayudar a enderezar el rumbo gravemente escorado de la nave, sino más bien todo lo contrario, porque, en realidad, les importa tres pepinos que el barco pueda estar a punto de hundirse. O lo de gobernar no va con ellos y con lo que de verdad disfrutan (los muchachos) es ejerciendo de oposición, que, dicho sea de paso, entraña menos complicación y no demasiados quebraderos de cabeza, como mucho algún mareo.

Da la impresión de que se aferran a la idea de creer que cuánto más feas se pongan las cosas en el Ayuntamiento tanto mejor para sus intereses de cara a las próximas elecciones, lo que resulta más censurable que legítimo, aparte de poco inteligente, y parecen olvidar que si la nave se va a pique, aquí naufragar, lo que se dice naufragar, naufragamos todos. No es de extrañar, pues, que haya quien se pregunte si sabrían y podrían dar respuesta a los problemas económicos a los que se enfrenta el Consistorio en el hipotético caso de que fueran elegidos a través de las urnas para tal fin.

El PA actúa en Los Barrios como el PP actúa frente al ejecutivo de ZP a nivel nacional. Se diría que tanto los unos como los otros utilizan el mismo manual. Al enemigo ni agua. Le tienen alergia a los pactos y es de sospechar que también a la responsabilidad. No paran de pedir transparencia, pero rehúsan acudir a las sesiones de la junta de gobierno local, a la que han sido invitados, para que estén al día en la gestión, y, por si eso no fuera bastante, le buscan los tres pies al gato cuando se les ofrece participar, por primera vez, en los órganos de dirección de las empresas municipales, cuyos miembros son designados por el alcalde, en su calidad de presidente, de acuerdo con lo previsto en los estatutos, y no por los grupos representados en el pleno, como pretendían y pretenden.

Peor que caer en la trampa del adversario es caer en la de uno mismo. Por lo visto, algunos todavía no se han dado cuenta de que, en política, más que círculos que cuadrar lo que abundan son cuadrados que redondear, sobre todo, para ir eliminando aristas.

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