Confieso que tolero

 

He de confesar que con el paso de los años uno va perdiendo paulatinamente su condición de rebelde para convertirse en alguien más tolerante. Eso mismo me pasa a mí desgraciadamente.

Y ahora, y aunque no quisiera , ojo-comienzo a tolerar cosas que en otras épocas jamás lo hubiese hecho.

Tolero, por ejemplo, que aún hayan indigentes, así llaman ahora a los pobrecitos humildes y sin nada en los bolsillos, que mueran cada noche de frío en las grandes ciudades, como sucedió en Madrid no hace mucho tiempo, existiendo lindísimas y espaciosas iglesias que podrían dar cobijo a miles de ellos, para así matar dos pájaros de un tiro: predicar con el ejemplo de su doctrina y no dejar morir en la intemperie a estas personas.

Tolero también, aunque a mi pesar, que aún siga existiendo esta lacra de miles de personas que abandonan sus «hogares»para adentrarse en las costas andaluzas o canarias, a costa de su propia existencia, con un simple cayuco o patera. Lo que sigue planteando el gran dilema entre el norte rico y el sur pobre.

También tolero que aún siga existiendo una iglesia rica, con mucho boato y suntuosidad, dueña de innumerables propiedades lucrativas, como es el caso de la tan saneada Banca Vaticana y por otro lado del mensaje de Cristo. Valiente hipocresía, estoy seguro de que si Cristo levantara la cabeza y se diera una segunda vuelta por estos lares se pondría las manos en la cabeza, como poco, o bien cogiera un látigo como antaño para fustigar con él a la pila de sinvergüenzas que hacen negocios en su propio templo, y con su propio mensaje..

Tolero también, aunque me cueste, a la ley de financiación de los partidos políticos que sigue siendo tan oscura como los ojos del sin par Platero.

Aún tolero, aunque no me guste, que aún sigan torturando en Guantánamo a presos políticos-chavalitos de poca edad, y con los sesos comidos por una religión fundamentalista.

Tolero también , aunque discrepe, que en España sigan existiendo la monarquía, que hagan la labor de representarnos mientras se dan la vida padre con presupuestos para sus respectivos palacios de miles de millones de las antiguas pesetas.

Tolero también, aunque no sé como, que en Andalucía, por ejemplo, aún no se haya hecho la tan necesaria reforma agraria, y unos pocos sean los dueños de la mayoría del campo andaluz, mientras los modestos currantes del sector, llámense jornaleros malviven sin propiedad alguna.

Tolero también, aunque con nota de 0, que sigan existiendo «machotes»que sean capaces de cargarse a palos o a lo que sea a la propia madre de sus hijos.

Tolero de nuevo, bajo mi pesar, que cada vez que exista una crisis las parcelas con más recortes presupuestarios sean las sociales: educación, sanidad, cultura…mientras los «botines»de España se guardan la espalda metiendo sus «ahorrillos» en paraísos fiscales.

Tolero de paso, aunque cada vez menos, a esta sociedad con doble moral en que a las personas se les sigue valorando más por lo que tienen que por lo que son y se propugna el éxito aunque tengas que pisotear en el camino a quien se interponga en él.

Tolero además, y esto es duro, que los narcos tengan una vida padre mientras que los «desgraciados» drogatas vean su vida aniquilada y sus sueños rotos.

Tolero aún, y aunque me duela, que la única alternativa de un adolescente un fin de semana sea practicar el botellón y consumir todo tipo de sustancias poniendo en riesgo sus vidas y las de otros.

Tolero también, y esto es duro, que exista una ley de partidos que no hace sino fomentar el bipartidismo a expensas de cargarse otras ideas tan nobles y loables como las suyas.

Tolero, aunque ya me esté hartando, del voto de calidad que tienen todos los señores alcaldes que ponen en ridículo a las leyes más elementales de la democracia.

Tolero, a mi pesar, a los sinvergüenzas negreros que hacen trabajar de lo lindo a los «pobrecitos» inmigrantes sin papeles para darles una porquería de sueldo mientras ellos se llevan lo mejor del pastel.

Tolero también…y basta ya de tanto tolerar señores que voy a parecer un calzonazos.

Y uno prefiere «morir de pié antes que vivir de rodillas» como decía el Che y me inculcó mi abuelo, en paz descanse, que era más comunista que el mudo de los hermanos Marx, digo yo, que fue capaz de morir sin decir ni mu cuando lo de la caza de brujas en Estados Unidos.

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