SOBRE NUESTRA VIDA

Déjate un poco en paz de vez en cuando

 

La eficacia, el trabajar bien y el éxito en la vida no vienen de, o por, ese rigor con el que solemos enfocar las cosas. Sí bien es cierto que la disciplina es necesaria para algunas, o muchas de las cosas que queremos conseguir. Pero probablemente la propia palabra “conseguir” sea en cierto modo el concepto equivocado. En el fondo, todo es mucho más simple, más agradable, e incluso más fácil.

Confieso que yo misma tenía y tengo aún dificultades para tomarme la vida de una manera más ligera. Desde que me hice autónoma apenas tuve la sensación de calma. Vacaciones, descanso – palabras ajenas para mí. Creía que venía de la creencia de que tenía que machacarme para lograr el éxito. Hace poco descubrí, no obstante, que mi dificultad para disfrutar del no hacer nada viene de algo mucho más profundo. 

“Qué voy a hacer ahora con mi tiempo?” De alguna manera siempre hay algo que hacer, y parar y descansar no sienta tan bien. Así que se busca conscientemente el equilibrio, haciendo Yoga, meditación. Se busca el bienestar, pero de alguna manera eso también se convierte en una obligación, un “tengo que”. 

Sí, lo siento, hoy hablo de mí. Pero quién sabe, quizá tú también pertenezcas a esta especie. Tal vez tú también seas un poco adicto al trabajo, siempre en busca del sentido, de hacer el bien, de ser útil. Sea cual sea el origen de esta presión interior, que muchos otros – de eso me he dado cuenta a lo largo de mi vida – no sienten con tanta fuerza, si ahora quieres librarte de la presión con más presión, en realidad te quedas en el mismo sitio. Digamos que giras sobre tu propio eje.

He dicho en muchas ocasiones, y estaba convencida de que tenemos que retarnos a nosotros mismos. Hacer algo diferente de lo típico de uno. Contrarrestar el impulso. Y bueno, en el fondo es cierto: al forzarnos a no seguir el impulso y hacer conscientemente algo diferente, nos damos cuenta de dónde y cómo nos solemos repetir. 

Sin embargo, la palabra que hoy me planteo desterrar para mí personalmente, es “tener que”. No “tengo que”, puedo dejarme en paz de vez en cuando. Especialmente cuando surge esa inquietud, no sé cómo tú la llamas, sea “debería hacer algo” o “ya debería también hacer algo para mí”. 

¿Te sientes sin ganas? ¿Nada te hace ilusión?

Te planteo lo siguiente: suelta el boli, aunque sea por unos minutos. El boli aquí es símbolo para todas estas directrices internas, y también para todas las distracciones, como el móvil, la tele y consolas. 

Déjalo todo, déjate caer por un instante. Siéntate un poco al solecito donde haya. Escucha la naturaleza, los cánticos de los pájaros. Ahora que es primavera nos ofrecen unos auténticos conciertos. Tal vez incluso cierres los ojos. Quizás puedas sentir el calorcito del sol en tu espalda, en tu cara, en tu piel. No tienes que hacer nada. Ni respirar conscientemente, ni moverte conscientemente. Sólo estar, sentir, escuchar. 

“Por dónde iba?” Ah, verdad, iba a hacer algo. 

Mi artículo acaba de escribirse solo. De esta manera, a través de estos momentos de dejarse ser, pasa que muchos de nuestros quehaceres se resuelven casi solos, sin tanto esfuerzo. Y con una energía y una claridad que posiblemente no hayas sentido en mucho tiempo.

Qué bien cuando, aunque sea por un ratito, la cabeza pasa a un segundo plano, y la simplicidad y ligereza cobran protagonismo.

 

 

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