Deshonores

Francisco Mateos.-

Tantas mamarrachadas de corridas (en presentación y juego) que ha colado la empresa de la Maestranza a precio de producto de lujo, con las que los toreros apenas podían hacer nada ante tal grado de descastamiento, mansedumbre y podredumbre, y cuando por fin sale una corrida de toros como Dios manda, la empresa que coloca a toreros -al menos dos de los tres- que todos sabíamos que no iban a estar a la altura. Ya se criticó -escrito está- que no se entendía las presencias ni de El Cordobés ni de Javier Conde, que no se lo han ganado. Y la presencia de Esplá sólo estaba justificada por la lógica sensibilidad de un adiós a un torero de una profesionalidad contrastada.      La corrida de toros El Pilar ha sido lo que se dice un auténtico corridón de toros. Bien presentada, que es lo mínimo exigible de entrada, el juego ha sido espectacular. Sin duda, la mejor corrida de la Feria. Practicamente los seis toros ha tenido un comportamiento muy bueno, con algunos excelentes, como el segundo, tercero y quinto; sólo el primero manseó más y se dejó menos. Si dudábamos de los toreros, estaba claro que con tan excelente material sus carencias iban a quedar aún más en evidencia. Los tres fueron protagonistas de deshonores.

     Deshonor de Luis Francisco Esplá a la sincera y sentida ovación del público sevillano tras el paseíllo, obligándole a saludar. Cuando Sevilla te hace eso, en Sevilla hay que darlo todo… Y es raro que Esplá estuviera como ha estado; vamos, que parece que ni ha estado. Parecía que se había despedido antes de hacer el paseíllo. Justificándolo, en todo caso, en el mansito primero, lo del quinto no es entendible. Un toro noble, con juego, con arrancadas emocionantes, y con el que no sólo naufragó en una faena ejemplo del destoreo, sino que ni siquiera le puso las banderillas por última vez en la Maestranza.

     Deshonor de Manuel Díaz ‘El Cordobés’, con un lote de Puerta del Príncipe. El primero y, sobre todo, el quinto toro, tenían las dos orejas colgando para cortárselas. En vez de sair de Sevilla por la Puerta del Príncipe con cuatro orejas, se va de vacío. Y eso que ha matado hasta bien, con lo cual más claro aún su falta de aprovechamiento de dos excelentes toros. Y el chaval parece que lo dio todo, que no ha sido dejadez, sino simplemente que está muy limitado y, por supuesto, infectado de su circuito natural de pueblos y plazas de polvaredas. Así de duro es el toreo.

     Y deshnor de Javier Conde. No se puede brindar al público de Sevilla un gran toro como ese tercero para después tirar tres cartitas al aire… Eso es hacer deshonor a un brindis y a un público. Se le fue uno de los pocos grandes toros de la Feria. Y en el sexto, encastado y bravo, igual: desarbolado y acongojado. Y mientras se dejaba escapar dos toros de Puerta del Príncipe, muchos toreros con ganas de triunfo en sus casas parados… Y el año que viene, otra más para Conde, Canorea.

     Y ahora la pregunta del millón: ¿Quién tuvo la feliz idea de anunciar tan estrafalario cartel en pleno sábado de farolillos en la Maestranza? ¿Quién era el visionario que pensaba que El Cordobés y Conde iban a reventar la plaza si le salían buenos toros? Aquí hay que depurar responsabilidades. Basta ya de vetar a aquellos que decimos que ni Conde ni El Cordobés han justificado sus presencias en Sevilla. Pues no, Canorea: ni Conde ni El Cordobés se habían merecido, por méritos contraídos, torear en Sevilla, y si por hacer uso de esa libertad de expresión que después la realidad nos demuestra que era completamente cierto nos veta, pues allá usted con sus vetos en lo que cree que es su cortijo. Pero la solución no está en intentar acallar a la prensa. Usted sabrá. O no.

 

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