Discriminan negativamente los centros que escolarizan a niños o niñas por separado

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Hace varios meses, concretamente en junio ya sonaba en los medios de comunicación la cantinela de las bondades de la enseñanza por separado a niños y niñas, en los llamados centros no mixtos. A finales de ese mes se criticaba a la Consejería de Educación que en la resolución provisional de los Conciertos educativos hubiera eliminado de la lista de centros subvencionados a los 12 centros no mixtos que había hasta ese momento.

Y es que efectivamente se criticaba que la opción de centros no mixtos, es decir que escolarizan a un solo sexo (niñas con niñas o niños con niños) e incluso que el profesorado también fuese de uno u otro sexo para mayor “sintonía”, no fuese subvencionada por la Consejería de Educación Andaluza.

La argumentativa de algún comentarista y de algún representante de padres afectados por eso de tener que pagar si se quiere hacer distingos, es tan simple como que ya que es legal la existencia de esta opción, que lo pague el erario público. Para fundamentar las razones se acude a aquello de que este tipo de enseñanza, donde se segregan a niños o niñas en función del sexo, es una opción tan buena como otra cualquiera, e incluso que las niñas juntas, sin influencias varoniles, obtienen mejores resultados escolares que en clases mixtas. O que la ausencia de las distracciones femeninas permiten prestar mejor atención a los varones. Y se llega a manifestar sin rubor alguno que este tipo de segregación no limita los derechos de los niños o niñas por separado.

La palabra segregar, en castellano tiene al menos dos acepciones claras: La primera la de separar o apartar algo de otra u otras cosas, la segunda de separar y marginar a una persona o a un grupo de personas por motivos sociales, políticos o culturales. Y evidentemente son motivos culturales y sobre todo religiosos los que están en la base del sostenimiento de la enseñanza separada por sexos. Y de lo que no se habla es de los productos de esa educación, desnaturalizada, ya que al segregar a unos de otras, o a unas de otros, se refuerzan concepciones en los educandos erróneas, desviadas y que refuerzan estereotipos negativos para la buena convivencia de ambos sexos a lo largo de toda la vida.

La Junta de Andalucía ha venido predicando y regulando la armonía y la igualdad entre los sexos de manera que el papel de la Mujer, como grupo social que vino siendo marginado históricamente, tuviera iguales posibilidades de acceder a todos los bienes de la cultura y al ejercicio efectivo de todos sus derechos y deberes ciudadanos en un plano de igualdad con el hombre.

Un sistema que segrega por sexos introduce elementos radicalmente contrarios a esta línea política de consolidación de la igualdad entre hombres y mujeres, por lo que entendemos desde CGT que fue correcta la posición de la Consejería de Educación al no subvencionar establecimientos que se dedican a instruir a personas de un solo sexo.

Pronto aparecerá la resolución definitiva de las subvenciones a los centros concertados y es exigible que la Junta de Andalucía, no solo la Consejería de Educación del gobierno socialista mantenga su discurso de manera clara e inequívoca.

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