El 23F y la comedieta de Évole


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Juan Luis González Pérez | bits rojiverdes.org

A pesar del tiempo transcurrido, aún resuenan los ecos del programa de Jordi Évole sobre el golpe de estado del 23F. En las tertulias del desayuno, en la barra del bar o en las redes sociales es uno de los temas más recurrentes. Así que, de tanto contar mi versión y mi parecer sobre los hechos, al final me he visto abocado a dejarlo dicho por escrito. No es lo primero que voy a escribir del tema. De hecho, en mi Twitter, fui dejando huella on line de lo que me iba sugiriendo el visionado del documental. También he comentado el tema ampliamente en Facebook en algunos hilos en los que he ido participando.

He de reconocer que el argumento central del programa me pareció sugerente y me dejó atado a la silla un rato. Un montaje para encumbrar la figura del rey y dotarla de un escudo con el que enfrentar su más que antidemocrático origen y el cúmulo de irregularidades y escándalos que han salpicado su largo reinado. Sin embargo, después del planteamiento inicial, todo lo subsiguiente fue bajando en intensidad y, lo que es peor, en credibilidad, hasta convertirse en un bodrio infumable, histriónico e hilarante.

Aunque ya dudaba de la veracidad del asunto al ver a algunos de los intervinientes seleccionados —que jamás hubieran guardado silencio todos estos años— el momento definitivo en que desconecté con el programa fue al presentar al Garci y la polémica Flotats-Summers entre catalanes y andaluces. Esa estúpida broma fue la gota que colmó el vaso y ya, aunque estuvo puesto en casa un rato más, seguí el documental en segundo o tercer plano.

También reconozco que hasta me sentó mal. Con la expectación generada y la trayectoria de Évole, esperaba una labor de investigación para acercar al gran público a la realidad que jamás nos contaron sobre el 23F. Es incierto que no exista materia para rodar algo con sentido. Entrevistas a Amadeo Martínez Inglés, al autor del libro «Un Rey Golpe a Golpe», a periodistas independientes… incluso llamadas a los políticos que se reunieron con los militares para participar en la «dictablanda» del rey para sacarles información o sacarlos de quicio, y a militares golpistas de aquella época dan, no para un programa, sino para una serie completa bien jugosa. Lo único que haría falta es tener el arrojo suficiente para hacerlo y no pertenecer a una empresa (A3 Media) que, seguramente, lo hubiera censurado sin dudarlo.

Tras esa decepción inicial, vinieron los análisis. Así resumí mi parecer en una sola frase:

Una mentira histórica, tapada por un documental de ficción, para tratar de desvirtuar la verdad y hacerla parecer como imaginativa mentira cuando logre emerger a la superficie.

Lo peor de todo es la mezcla, en un mismo documental de ficción, de medias verdades ocultas (que están más cerca de la verdad que la versión edulcorada que nos han contado desde el día de autos), con mentiras —y gordas— que luego son arrojadas juntas al cubo de la ignominia al colgarles la etiqueta de falsas. Cuando sean oídas en un futuro próximo de nuevo por alguien que haya visto el documental sin mucha más información previa de base, automáticamente las despreciará y desechará al relacionarlas con la supuesta «obra maestra» de Jordi Évole.

¿Y cuáles son esos hechos que pueden quedar tapados por mor del documental, para regocijo del establishment? Podrían señalarse muchos de ellos, pero estos son los más destacados:

*La existencia de dos tramas golpistas paralelas, una conocida y otra oculta al gran público

*La participación del rey y de políticos de casi todo el espectro parlamentario en la operación

*La existencia de una reunión parecida a la mencionada en el documental para preparar toda la trama

*La utilización del 23F para favorecer la figura del rey

Muchos son de la opinión de que Évole ha perdido mucha de su independencia con esta comedieta, que el objetivo de todo ha sido apoyar a un depauperado rey en horas bajas. Otros que ha sido una genialidad, que sólo él podría movilizar a gente de tanto prestigio para realizar el documental, que nos falta sentido del humos para reírnos de nosotros mismos… o hasta que es una denuncia del hermetismo del estado para con el caso, como ha dicho el propio autor. Personalmente, como dije antes, fue una gran decepción, sobre todo tras la expectación generada desde semanas antes con los anuncios televisivos y los trailers que jugaban con la promesa de la verdad; una verdad que se resiste ya demasiado tiempo a aflorar.

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