Crisis deportiva en el fútbol barreño

El declive de la Unión Deportiva Los Barrios evidencia una gestión insostenible

La entidad gualdiverde encadena cinco derrotas consecutivas y se hunde en los puestos de descenso de la División de Honor mientras una veintena de futbolistas denuncian impagos sistemáticos por parte de la directiva de José Alberto Reygadas.

Foto: Archivo

La Unión Deportiva Los Barrios atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia reciente, marcada por una deriva deportiva que la sitúa al borde del abismo y una gestión económica que ha dinamitado la estabilidad del vestuario. Tras acariciar el ascenso a Tercera Federación hace apenas ocho meses, el club ocupa hoy la penúltima posición del Grupo I de la División de Honor Andaluza. Esta caída libre no es fruto del azar, sino la consecuencia directa de una política de impagos y rotación constante de jugadores que ha despojado al equipo de su identidad y competitividad.

El modelo de gestión liderado por el empresario mexicano José Alberto Reygadas, quien también es propietario del Mons Calpe de Gibraltar —club sancionado en su día por la UEFA debido a deudas vencidas—, ha sumido a la Unión en una precariedad alarmante. Según denuncian los propios futbolistas, el incumplimiento de los contratos profesionales y la falta de abono de los gastos de desplazamiento han provocado un éxodo masivo: cerca de veinte jugadores han abandonado la plantilla desde la pretemporada.

El testimonio público de exjugadores como el marbellí Pablo Gil ha puesto voz a una realidad que la directiva intenta ocultar tras anuncios de nuevos fichajes. Los afectados relatan meses de “largas” y promesas incumplidas mientras se veían obligados a costear de su bolsillo los trayectos diarios. Esta situación resulta especialmente paradójica cuando el club, de forma paralela, mantiene un acuerdo con el Ayuntamiento de Los Barrios para un ambicioso proyecto de remodelación del complejo San Rafael, valorado en seis millones de euros.

La contradicción entre las grandes promesas de infraestructuras y la incapacidad de abonar nóminas básicas de la sexta categoría nacional arroja una sombra de duda sobre el futuro de la entidad. Mientras la directiva se enfoca en macroproyectos comerciales, el equipo que antaño peleaba por la Segunda División B se desangra deportivamente, víctima de una estructura que parece priorizar el movimiento de fichas sobre la dignidad de sus profesionales.

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