SOBRE NUESTRA VIDA

El espejo

 

Lo oímos mucho: cuidado con lo que deseas, porque se puede hacer realidad. Hoy estoy reflexionando sobre los deseos que, inconsciente o conscientemente, expresamos o pensamos. Inspirada por el autor holandés Berend Smit y su libro “Mi Libro”, he comenzado a observar mis pensamientos y en especial, mis deseos.

Según la física cuántica nuestros pensamientos crean un campo energético que se manifiesta físicamente. Digamos que, como dice Berend Smit, nuestra realidad actual es producto de nuestros pensamientos. Lo que me sugiere comentar hoy es el difícil asunto de los deseos. ¿Son deseos nuestros pensamientos?

Imaginaos que sí, que todo lo que pensamos a lo largo del día son deseos que emitimos al “espacio” que, quien sabe, se van materializando. ¿Os imagináis? Muchas veces no reparamos en ello, nos pasamos todo el día produciendo pensamientos. Pero aquí no acaba la película. Estos pensamientos son tremendamente caóticos, porque no nos paramos a escucharlos siquiera. No escuchamos nuestros propios pensamientos, ni los ordenamos cuidadosamente para tenerlos a mano cuando los necesitamos, como haríamos con nuestros apuntes de un curso, nuestras facturas y demás papeles que manejamos en la vida. En cuanto a nuestro caos pensativo, ¿os imagináis el paisaje si nuestros pensamientos se manifiestan físicamente? Desorden y caos, y además la mayoría de las cosas son basura. Estamos creando pensamientos para desecharlos a los dos segundos.

No sé si Berend, a quien conocí recientemente en un Networking, tiene razón con lo que propone: comienza a crear tu vida desde tus pensamientos, “para vivir en tu situación deseada”. Todo es sobre visualizar “tu mundo”, el mundo en el que quieres vivir, haciendo lo que quieres hacer. Plantearse esto no es fácil, o incluso imposible, si nos quedamos atados a nuestras creencias y fijaciones.

No somos conscientes de ello, pero nuestro mundo es el espejo de nuestros pensamientos, y a esto hemos de añadir nuestra actitud ante la vida, ante los demás, la tierra, el planeta, en fin, ante todo lo que tocamos, hacemos y pensamos.

Espera: ¿No lo dice también la biblia? “Cuanto hicisteis a unos de estos hermanos, a mí me lo hicisteis”. (Mateo 25, 31-46). Hemos aprendido que nuestros actos tienen consecuencias, por eso procuramos no hacer daño. “No hagas a otro lo que no quieras que te hagan”. Esto sí nos resuena, eso sí lo hemos aprendido. Nuestros actos tienen consecuencias. ¿Pero nuestros pensamientos? ¿Puede tener consecuencias lo que deseamos? Muchos afirman que sí, de ahí el dicho “ten cuidado con lo que deseas …”.

Pues, aunque no tengo aún claro muchas cosas, hay una que sí tengo claro: sería importante, no, URGENTE, ordenar lo que deseamos. En definitiva, deberíamos aprender a desear bien, claro y estructurado.

De la literatura y el cine conocemos el dilema: tienes tres deseos. Si es difícil pedir tres, ¿cómo de difícil resultará entonces crear la vida deseada, la situación deseada, el mundo deseado, a través de los pensamientos, los deseos?

Estos días me he tomado tiempo para “no hacer nada” de vez en cuando. Simplemente sentarme y escuchar. Mis pensamientos. Los pajaritos. El ruido cotidiano. Mirar. No hacer nada hasta que me surja con claridad lo que, en “mi mundo”, es una situación deseada.

Queda mucho que crear, sin esfuerzo y sin enfado con el mundo. Ahí está el espejo: si ando amargada por el mundo porque no es como yo quiero, así será “mi mundo”. Pero si miro y observo, siento y pienso que tengo ante mí una vida preciosa, también encontraré a gente preciosa.

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