El jerezano David Galván se postula para la final

El alumno de la Escuela de Tauromaquia de Jerez, muy puesto técnicamente, ha cortado la única oreja del primer festejo de promoción de la Maestranza. El sevillano Javier Jiménez y Miguel Ángel Moreno son recompensados con sendas vueltas al ruedo, aunque con erales de muy distinto comportamiento. El malagueño Luis Rivera falla con la espada, Martín Liñán se lleva la peor paliza del festejo y Cotola aún está por madurar. Mansos los erales de Fidel San Román.

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ERALES: Se han lidiado erales de la ganadería de Fidel San Román, justos de presentación, escasos de casta, mansos. Primero y tercero fueron los más complicados.

NOVELES: -Martín Liñán, de blanco y oro, silencio tras aviso.

-Luis Rivera, de gris perla y plata, silencio tras dos avisos.

-Javier Jiménez, de grana y oro, vuelta al ruedo.

-David Galván, de celeste y oro, una oreja.

-Miguel Ángel Moreno, de caldera y oro, vuelta al ruedo.

-Daniel Torres ‘Cotola’, de azul y oro, silencio tras aviso.

INCIDENCIAS: Un tercio de plaza. Martín Liñán fue asistido en la enfermería de “contusión en la base inferior de hemitórax derecho, pendiente de estudio radiológico. Pronóstico leve salvo complicaciones que no le impide continuar la lidia”.

Francisco Mateos.-

Uno asiste desde hace muchos años a estas novilladas de promoción. Lo mejor de todo es que que, julio tras julio, se siguen celebrando; no es poco. En lo negativo: no salen demasiados toreros de estos ciclos y la asistencia de público tampoco termina de dispararse, aunque mantiene un mínimo de aforo aceptable. El objetivo del ciclo debe ser doble: promocionar a nuevoas valores del toreo para que den el salto a las novilladas con picadores -y la empresa aquí hace bien incentivando a los mejores con su inclusión en la temporada siguiente en las novilladas com picadores-, y por otra parte difundir los festejos taurinos a otros sectores al abaratarse los costes y por tanto el precio de las entradas.

Darse un paseo por los tendidos de sol ofrece lecturas diversas. En esos tendidos existe una abundante chavalería, pandillas completas de quiceañeros que asisten a ver toros a la Maestranza; toda una alegría. Si uno se para con más atención, hay otra lectura que me deja más preocupado, aunque ésta al margen de lo taurino: el alcohol -de baja y muy alta graduación- corre por estas pandillas como si tal cosa… Por cierto, este año ha habido profundos cambios en el personal de seguridad de la plaza. Parece que hay mayor número de vigilantes, y mucho más ‘saboríos’ y rígidos. Durante la Feria hubo varias voces disgustadas con algunas actuaciones de los nuevos ‘securatas’ contratados por la empresa, inflexibles en su trabajo y más serios que El Viti (el veterano torero salmantino tenía una disculpa, ya que no era sevillano; pero estos ‘agentes del orden’ son de casa…). Sin embargo, en el paseo que me he dado esta noche por los tendidos de sol entre la chavalería, las latas, los botellines y hasta las botellones de ginebra, ron y whiskye rodaban por los tendidos con total impunidad. El ‘botellón taurino’, vamos. Soy el primero en apostar y confiar en la responsabilidad de los jóvenes y su buen comportamiento, pero se deberia poner un poco más de celo en vigilar lo que se introduce a la plaza… Las normas de seguridad están para que la empresa las acate. Una simple bengala en el estadio del Español provocó una tragedia irreparable. Evitemos situaciones potencialmente peligrosas. Sobre todo si por medio hay ingesta de alcohol.

El ciclo de promoción sigue manteniendo -no sé realmente si acertadamente o no- el repetido formato año tras año: tres novilladas clasificatorias los jueves por la noche, para una cuarta destinada a la gran final el último jueves, también en horario nocturno. El primero en postularse para finalista del ciclo ha sido el jerezano David Galván. El alumno a las órdenes del profesor Antonio Lozano fue de menos a más en su trasteo. Comenzó con frialdad la faena, pero se fue viniendo arriba conforme se asentaba más y mejor en el iluminado albero maestrante. Galván aguantó con torería y valor seco algún parón a media altura del manejable eral de Fidel San Román. Los muletazos de final de faena tuvieron empaque y mucho gusto. Para mí que le cabía una última tanda de detallitos por bajo al animal, pero el ‘profe’ Lozano le recomendó coger la espada para que no se viniera abajo el alto tono final del trasteo, y tras el espadazo llegó la única oreja del festejo.

Otros dos jóvenes presentaron sus solventes credenciales ante la afición sevillana: Javier Jiménez y Miguel Ángel Moreno. El primero, de la Escuela de Espartinas -brindó a Espartaco, símbolo taurino de este pueblo sevillano-, se llevó uno de los dos peores novillos de la noche. Fue un mansito con mala uva. Se vencía para los adentros, recortaba a mitad del muletazo y al final de faena -cantado estaba- se rajó y huyó a las tablas. Nada de ello fue óbice para que Jiménez lo intentara de todas las formas posibles. El chico tiene maneras y la técnica asimilada bajo las lecciones de Espartaco padre. Estuvo dispuesto por los dos pitones, se quedó en el sitio y se llevó varios porrazos… pero no podía ser. Su gran esfuerzo y lo que se le intuyó se recompensó con una vuelta al ruedo.

El otro que destacó fue el murciano Miguel Ángel Moreno, también premiado con una vuelta al ruedo. Lidió al quinto, un novillo escaso de fuerzas que se fue apagando en el trasteo. Fena compuestita. Técnicamente bien planteada, pero le faltó chispa, la gracia… El malagueño Luis Rivera quizás podría haber dado otra vuelta al ruedo en el segundo si acierta con los aceros. Basó la faena por el pitón derecho. El eral, justo de presentación, estaba escaso también de fortaleza y además deslucía que desparramara la vista y saliera distraído de los muletazos. A pesar de ello, Luis Rivera dejó ‘cositas buenas’.

Nos resta comentar lo que hicieron el primero y el último del festejo. Abrió la noche el sevillano Martín Liñán, con el otro novillo complicado. Apretaba para los adentros y eso le costó dos fuertes volteretas que le dejaron mermado. Acabó el ‘combate’ como pudo. Y cerró esta primera de promoción Cotolo, alumno de la Escuela madrileña de Colmenar Viejo. Está verde. Lo intentó pero todo transcurrió entre un ‘sonoro’ silencio.

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